jueves, 8 de marzo de 2018

Uno de esos seres que sólo aparecen una vez por generación

Mary Wollstonecraft y Josefa Amar y Borbón fueron dos mujeres pioneras en la reivindicación de los derechos de las mujeres y su igualdad de oportuidades. Era el siglo XVIII. Tuvo que llegar el siglo XX para que otra pionera reivindicara sus legados: Virginia Woolf.

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Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft fue una pionera en la reivindicación de la igualdad de derechos y capacidades de la mujer. Era el siglo XVIII, el siglo de la Ilustración, tan aclamado por algunas de sus innovaciones pero todavía heredero en muchos casos de la supremacía intelectual y jurídica masculina. Para Mary las diferencias entre hombre y mujer no derivan de que sus naturalezas sean distintas o que sus destinos en la vida sean que las unas estén al servicio de los otros; se trata únicamente de un problema de educación y de acceso a la educación misma. La sociedad debe sustentarse en el poder de la razón, que carece de género, y no en la supremacía masculina.

Pero Mary Wollstonecraft no se conformó con un análisis más o menos teórico o filosófico sino que instó -exigió, se diría a ahora- al Estado a ser el garante de la igualdad de derechos a través de unas Leyes que destierren las tradiciones de subordinación femenina y aseguren una educación igualitaria, gratuita y universal para todos, hombres y mujeres. Esa es la única forma de asegurar que las mujeres sean independientes y que puedan aspirar a vivir de su propio trabajo: que la mujer comparta los derechos del hombre y emulará sus virtudes.

Josefa Amar y Borbón
Josefa Amar y Borbón
Estos preceptos, prácticamente inéditos hasta la fecha y originales en el panorama social europeo, hicieron de Mary Wollstonecraft una mujer bastante popular y reconocida. No es fácil encontrar antecedentes en la España dieciochesca: seria justo mencionar a Josefa Jovellanos, hermana de Gaspar Melchor, y, sobre todo a Josefa Amar y Borbón, autora del Discurso en defensa del talento de la mujeres y de su aptitud para el gobierno, y otros cargos en que se emplean los hombres, publicado en 1786, seis años antes que la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft. Comienza con la denuncia:
… las niegan la instrucción, y después se quexan de que no la tienen. Digo las niegan, porque no hay un establecimiento público destinado para la instrucción de las mugeres ni premio alguno que las aliente a esta empresa (…) En una parte del mundo son esclavas, en la otra dependientes.
Continúa con una enumeración de grandes mujeres que han hecho progresos hasta en las ciencias más abstractas: cita a Hipatia de Alejandría, una de nuestras primeras pioneras; a Diotima de Matinea, de la que Sócrates se confiesa discípulo; a la injustamente ignorada Oliva de Sabuco; a Catalina II, mecenas de las artes y las ciencias en la Rusia del XVIII; o Madame de Sévigné, autora de la célebre sentencia si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar.

Virginia Woolf
Virginia Woolf
Y concluye Josefa Amar: De todos estos antecedentes, se infiere necesariamente que si las mugeres tubieran la misma educación que los hombres, harían tanto o más que éstos.
Por desgracia, Mary Wollstonecraft murió muy joven, tras el parto de la hija que tuvo con William Godwin, también de nombre Mary, Godwin Wollstonecraft. Fue precisamente William Godwin quien escribió la primera biografía de su esposa Mary; y el resultado de tanta franqueza y sinceridad como utilizó fue en detrimento de la figura de Mary, de la que de pronto la gente conoció sus debilidades, escarceos y devaneos que la sociedad británica consideraba inmorales. Tuvo que pasar un siglo hasta que su personalidad fuera reivindicada y su obra rescatada del olvido, entre otras, gracias a Virginia Woolf, autora de dos reflexiones preclaras y definitorias:
“Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras escribió sin firmar, era a menudo una mujer”. 
“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.
Mary Shelley
Mary Shelley
La hija tras cuyo parto falleció, Mary Godwin Wollstonecraft, se convirtió con los años, y como consecuencia de su matrimonio, en Mary Shelley. Ella realizó una de las mejores semblanzas que se pueden hacer de su madre:
…uno de esos seres que sólo aparecen una vez por generación, para arrojar sobre la humanidad un rayo de luz sobrenatural. Ella brilla, aunque parezca oscurecerse y los hombres crean que está apagada, pero se reanima de repente para brillar eternamente.
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