jueves, 25 de febrero de 2010

La importancia de saber leer

Saber leer es importante.

Pero, visto lo visto, no es lo más importante. Antes hay que...

Y eso,
por lo visto, es más difícil, como se desprende de la siguiente imagen que me manda un anónimo lector.

















Y ya saben: si no saben leer, mándenme un correo electrónico y se lo explico.

Creador vs. amigo. Salvad al creador, no al amigo

"El poder detesta la crítica y ama la adulación. Sucumbe en ocasiones a la tentación de financiar propaganda, de primar lo ideológicamente afín o de tomar decisiones arbitrarias".

Hace algunos semanas hablábamos de
subvención como métido de subordinación intelectual.
Los párrafos que siguen, abundan en esta reflexión, advierten de sus peligros y exponen, a día de hoy, cómo está la situación.

El modelo latino de subvención a la cultura es mejor que el sajón, en manos de las empresas privadas. Pero: uno, está mal gestionado por la tentación de premiar a los amigos; dos, está inmerso en polémicas estrictamente políticas y completamente ajenas a la cultura en sí misma.


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Cíclicamente arrecia la campaña contra las subvenciones a la cultura. Y esa mala prensa favorece que en tiempos difíciles la tijera presupuestaria entre a saco en los departamentos de Cultura. Si a esta crisis general se agrega también una crisis particular, como la que sufre el modelo de explotación comercial de la música o el cine (¿y el libro?) debido a las nuevas tecnologías, el resultado es pavoroso. Disminuyen los conciertos, encogen los circuitos teatrales y menguan las exposiciones ambiciosas. También ha ocurrido con la venta de coches o la construcción de casas, pero en tales casos la administración ha recorrido el camino inverso: poner en marcha líneas de ayudas para incentivar la compra de automóviles e inventarse medidas (Plan E) para absorber la mano de obra desocupada por la hecatombe inmobiliaria."Es un clásico. La cultura carga con el sambenito de ser un sector subvencionado, cuando las ayudas son escuetas y limitadas".

(…)

¿Qué pasaría sin fondos públicos? El cineasta y escritor David Trueba lo tiene claro: "Si no fuera por el Estado hace mucho tiempo que el Museo del Prado habría sido abandonado a las ratas, la catedral de Burgos hoy sería un conjunto de adosados y el acueducto de Segovia, un intercambiador de autobuses".

(…)

Al margen de la rentabilidad económica, los del gremio inciden sobre la rentabilidad inmaterial. ¿O alguien pide que den beneficios los colegios? "El Estado debe contribuir a la mejora de las infraestructuras que eleven el nivel de formación del país", plantea la directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), Consuelo Ciscar.

"Si hay, corríjanse los clientelismos, pero ni más ni menos que en otros sectores".
Porque el clientelismo es un efecto perverso del modelo latino. El poder detesta la crítica y ama la adulación. Sucumbe en ocasiones a la tentación de financiar propaganda, de primar lo ideológicamente afín o de tomar decisiones arbitrarias.

¿Algunos ejemplos?

- Sangre de mayo. La película de José Luis Garci recibió 15 millones de euros de la Comunidad de Madrid. Es la subvención más generosa recibida por un filme español. Garci aseguró que habría necesitado seis millones más: "Es una superproducción de bajo presupuesto".

- España, sueño imposible. La Diputación de Castellón, en manos de Carlos Fabra, financió en 2008 la edición de un libro que ensalzaba a Franco escrito por José Luis Lapeña, un coronel de artillería retirado que falleció antes de que el libro se publicara. El diputado de Cultura, Miguel Ángel Mulet, adujo que "debe existir información en todos los sentidos".

Cúpula de la ONU. La obra de Miquel Barceló para la sala XX de la ONU en Ginebra costó 20,35 millones de euros (18,5 millones iniciales más una desviación presupuestaria del 10%). Una pequeña partida de 500.000 euros salió de los Fondos de Ayuda al Desarrollo, justificada por su contribución a la promoción de los derechos humanos y el multilateralismo.

El proyecto intercultural de Kepa Junkera. El anterior Gobierno vasco (PNV-EA-EB) subvencionó al músico Kepa Junkera con 700.000 euros (470.000 euros salían de las arcas de Asuntos Sociales, que justificó su decisión porque el proyecto coincidió con su impulso a las políticas de interculturalidad, inmigración y emigración). En un manifiesto suscrito por unos 250 artistas, se denunciaban los criterios "arbitrarios" y "escandalosos" seguidos para otorgar estas subvenciones.



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El artículo original lo publica hoy El País: Salvad al creador, no al amigo.
Hemos extraído algunos fragmentos que nos han parecido relevantes.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Los olvidados de "la nueve", 66 años después

Durante la Segunda Guerra Mundial muchos republicanos españoles, la mayoría de ellos desconocidos, combatieron junto a los aliados frente al nazismo. Algunos lo hicieron en una unidad militar francesa que se hizo célebre por su nombre en castellano, "La Nueve", y por haber sido la primera en entrar en París el 24 de agosto de 1944, en la hora de la Liberación.

La historia de estos combatientes ha sido durante décadas olvidada, básicamente porque el prurito francés les llevó a atribuirse casi en exclusiva la liberación de París, vendiendo la imagen de que fueron ellos mismos quienes lo hicieron:

"
Los méritos de la 9ª Compañía española fueron reconocidos por los historiadores especializados, pero gran parte de la historiografía francesa prácticamente ignoró su gran importancia en el episodio concreto de la Liberación de París (tratándola como un evento exclusivamente francés). Los historiadores españoles estudiaron a la 9ª Compañía ampliamente sólo después de la caída del franquismo, cuando se reconoció a esta unidad por su destreza y valor."

Evelyn Mesquida escribió un fantástico trabajo de investigación sobre esta compañía:
La nueve. Los españoles que liberaron París, que sirve para reivindicar su memoria y su lucha contra el nazismo:

La historia de La Nueve, como la de otros miles de españoles que combatieron aquella guerra es extraordinaria y el libro de Mesquida aporta luz a lo que vivieron aquellos hombres. Su salida de España tras la derrota en la Guerra Civil, su terrible experiencia en los campos de concentración franceses y su épica y brutal lucha que les llevó del Norte de África a Francia y Alemania, matando y muriendo por igual. Todos ellos lucharon con el ideal de que después los aliados les ayudarían a liberar España del franquismo, un sueño que el final de la guerra aplastó.


Narra wikipedia: "A las 21:22 horas de la noche del 24 de agosto de 1944, la 9ª Compañía irrumpió en el centro de París por la Porte d'Italie. Al entrar en la plaza del Ayuntamiento, el tanque español "Ebro" efectuó los primeros disparos contra un nutrido conjunto de fusileros y ametralladoras alemanas. Después los civiles salieron a la calle cantando La Marsellesa, para su sorpresa constataban que los primeros soldados liberadores eran todos españoles."


El 24 de febrero (hoy), París honrará a tres veteranos de La Nueve, tres supervivientes de aquellos que el 24 de agosto de 1944, a las 21:22 horas tomaron posiciones con sus half-track ante el edificio del Hotel de Ville en una ciudad ocupada.
Hoy, 66 años después, ese mismo lugar será testigo de la imposición por su Alcalde Bertrand Delanoë de la “Medaille d´honneur de la Ville de París” a esos tres veteranos: Luis Royo, Manuel Fernández y Rafael Gómez.


El corresponsal de Radio Nacional de España en París, Luis Migue Úbeda, ha realizado esta crónica para Radio 5 todo noticias.

Homenaje a los españoles que liberaron París (La Mañana en Vivo)




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Bibliografía

La nueve: Memoria y recreación de la 9ª compañía.
La nueve. Los españoles que liberaron París. Evelyn Mesquida. Ediciones B. 2008.
La nueve en wikipedia.

Todos los tontos tienen buena letra (Sobre Alejandro Dumas)


…dijo la madre de Alejandro Dumas (padre)* tras hojear el cuaderno de caligrafía de aquel mocetón… "malo para las ciencias -se quedó en la multiplicación, escasamente-, y para las letras, malo, salvo esa habilidad, que nunca valoraron en su casa, con el tintero y el papel de una raya".

Esta mujer, "faltona y ordinaria", era Marie Cessette, esclava negra de Santo Domingo (en la biografía de Alejandro Dumas, hijo, se dice que era de Haití) con quién se casó Thomas-Alexandre Dumas  -Marqués Antoine Alexandre Davy de la Pailleterie- que tuvo el mal gusto de morirse cuando el chaval tenía 4 años, dejando a la familia una escasa pensión. Esto motivó que Dumas recibiera una deficiente educación escolar.

Poco podía sospechar aquella mujer que sería esa buena letra precisamente la que le ayudaría a instalarse en París en 1823, entrando al servicio del Duque de Orléans como escribiente, gracias a su perfecta caligrafía.

Una vez allí, continúa su formación de forma autodidacta y comienza a escribir, y para 1831 ya es un autor de éxito, "exito que continuará a lo largo de su carrera literaria con el género de su predilección: el drama y la novela histórica. Se dice que fue el introductor del Romanticismo en el teatro francés, mostrando personajes orgullosos de sus propias pasiones".

En 1838 murió su madre, de la que siempre cuidó. Con seguridad fue consciente de que su hijo era muchas cosas, pero no tonto.

Autor prolífico, recurrió a la ayuda "notoria" de ayudantes para escribir sus novelas. Eso le ayudó a atender la demanda del público, que aumentaba cada día.
Todo lo que ganó, y no fue poco, se lo gastó en fastos y fiestas, castillo incluido, y en ruinosos negocios.
Viajó mucho, y esos viajes fueron fuente de inspiración para sus relatos, muchos de los cuales se publicaban por entregas en lo diarios de la época, para beneplácito de sus numerosos seguidores.

Es seguramente uno de los autores más profíficos de la literatura francesa, y tal fue su reputación que se le atribuyeron algunas novelas que nunca escribió, publicadas con su nombre con un claro interés comercial.

En 2002 recibió un reconocimiento póstumo, pospuesto durante décadas. Wikipedia lo describe así:
"Sepultado en el cementerio de su pueblo natal Villers-Cotterêts hasta el 30 de noviembre del 2002, cuando el Presidente francés Jacques Chirac ordenó fuera sepultado en el Panteón de París.

Su cuerpo fue exhumado y en una ceremonia televisada fue depositado en el mausoleo, junto a otros ilustres escritores de Francia. El presidente francés reconoció que este hecho no se había llevado a cabo antes por el racismo que prevalecía en la sociedad y reconocía que la Francia ha tenido muchos escritores ilustres, pero ninguno tan leído como Dumas, ya que sus libros se han traducido a más de 100 idiomas.

En su alocución, el Presidente Chirac dijo: "...Con Ud, nosotros fuimos D'Artagnan, Monte Cristo o Bálsamo; recorrimos las calles de Francia, participamos en batallas, visitamos palacios y castillos; con Ud, nosotros soñamos..."

Dumas también tiene un monumento en la Plaza de Malesherbes de París, que fue inaugurado en 1883. Esta estatua fue diseñada por Dore, y junto a la imagen en bronce del escritor, aparece su personaje más destacado, el famoso mosquetero D'Artagnan.

Escribió teatro, novelas, libros de viajes, novelas de terror, biografías, novela histórica y relatos cortos e incluso infantiles y hasta un manual de cocina.

Aunque no debería ser necesario citarlas, éstas son algunas de sus obras más conocidas, con sus enlaces a la Bilioteca Digital Dumas para su lectura y descarga:

Curiosa fue la relación que mantuvo con su hijo Alexandre Dumas (hijo)*, con quién mantuvo más de una, y más de dos, polémicas literarias.

Así termina la reseña que de él hace Jesús Marchamalo en 44 escritores de la literatura universal:

"… mientras recordaba, lágrimas en los ojos, la muerte del mosquetero Porthos. «Tuve que matarlo», susurraba, mientras se miraba, sorprendido, las manos. Enormes como él".





* Por desgracia, la manía de ponerle a los hijos el mismo nombre que al padre provoca, como en este caso, que haya que añadir un molesto paréntesis para diferenciar a uno de otro.

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Bibliografía:

• Jesús Marchamalo; 44 escritores de la literatura universal, Siruela. Madrid 2009.
Biblioteca Digital Dumas."El único lugar correcto para obtener buenos libros digitales de Alejandro Dumas"
Club Dumas. (Eng)
Alejandro Dumas en wikipedia.

martes, 23 de febrero de 2010

¿Esto es lo que quieres para ti el día de mañana?

¿En qué hemos fallado?... se lamenta el padre que sorprende a su hijo estudiando química, lengua, historia…

- ¿Esto es lo que quieres para ti el día de mañana? - le increpa.

- ¿Cuándo has visto a un geógrafo rico, un historiador con una miss, o un lingüista con un Ferrari?


- Papá: te juro que también estudio las revistas del corazón...

- ¿En qué hemos fallado? - se lamenta el apesadumbrado padre.


Momento estelar cuando el cartel de Gran Hermano esconde en realidad un cuadro de Quevedo...

El chico reacciona y consigue consolar a su padre.

- ¡Mamá: que nuestro hijo ya tiene futuro! - comunica al fin alborozado cuando el hijo recuerda la lista de ganadores de Gran Hermano.

Termina el gag con el padre abrazando a su hijo mientras éste esconde bajo la alfombra un libro de latín.


Por desgracia, estos gags humorísticos hacen gracia a quienes ven la parodia pero también se la hacen a quienes no la ven. Así que todos contentos y pocas espectativas de cambio. Pero no por ello dejan de ser un esfuerzo encomiable que desde aquí apoyamos y apoyaremos.


Según Ferrán Monegal en El Periódico, un scketch similar ya lo emitió Vaya tropa (programa de Cuatro),  el domingo 20 de diciembre del 2009.

Desgraciadamente no lo hemos encontrado. Si algún amable lector nos pasa el enlace, con mucho gusto lo añadiremos. 

El pasaje pertenece al programa de José Mota en TVE.






¡Dí no a los libros!

lunes, 22 de febrero de 2010

El valor de la filosofía (según Ortega y Gasset)


Acude Ortega y Gasset a un banquete oficial. Una vez acomodados le corresponde cenar frente a un conocido hombre de negocios.

En un momento de la cena tiene lugar la siguiente conversación:

- D. José: ¿cree usted que toda la filosofía junta tiene algún valor?

Ortega se encoge de hombros y sigue cenando.
El empresario no se queda satisfecho por la parquedad de la respuesta e insiste:

- Convendrá conmigo en que el trecho que separa a un filósofo de un hombre normal, o incluso de un ignorante, no es muy grande.

Ortega, suponemos que, molesto, responde:

- Está usted en lo cierto; ese trecho es apenas el ancho de la mesa que nos separa.

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Bibliografía:

Está la red llena de buenos enlaces bio-bibliográficos sobre Ortega y Gasset. Les dejaré únicamente el de la fundación que lleva su nombre.

Fundación José Ortega y Gasset.

viernes, 19 de febrero de 2010

Asombra que alguien pretenda cobrar por leer en las bibliotecas de un país en el que más convendría pagar para que lo hiciéramos


Asombra que alguien pretenda cobrar por leer en las bibliotecas de un país en el que más convendría pagar para que lo hiciéramos.

En España se puede vivir bien sin leer y gran parte de la población no echa en falta para nada la compañía del libro. Es como si hubiera arraigado el escarmiento en cabeza ajena tras saberse que el hidalgo Alonso Quijano enloqueció por leer. Hipótesis difícil de admitir porque apenas nadie ha leído aquí el Quijote.

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Cobrar por leer

En su cuaderno de internet, José Luis Sampedro, persona inteligente, sensible y culta, se enfada por la pretensión de la SGAE de cobrar dinero por el uso de las bibliotecas públicas.

En España no se lee. Sigue siendo muy bajo el índice de lectura de libros, tan sonrojante como el de la lectura de prensa. En España se puede vivir bien sin leer y gran parte de la población no echa en falta para nada la compañía del libro. Una casa en la que haya cien o doscientos llama la atención. Es como si hubiera arraigado el escarmiento en cabeza ajena tras saberse que el hidalgo Alonso Quijano enloqueció por leer. Hipótesis difícil de admitir porque apenas nadie ha leído aquí el Quijote.

Cuenta Sampedro anécdotas bibliotecarias vividas por él. Una le sucedió en Aranjuez, el año de la República. Había allí un maestro nacional (hoy ya no pueden llamarse así) al que habían cedido un cuartito de la escuela para su biblioteca particular. Prestaba libros de toda procedencia, entre los que figuraban obras de Baroja, Dickens y Salgari, a los vecinos de cualquier edad por una cuota fija de media peseta al mes.
   
Otra de las historias sucedió en una bibioteca rural: la joven bibliotecaria dispuso un rinconcito para niños, con una moqueta donde podían sentarse para leer cuentos. Las madres recurrían a esta inesperada guardería y, a la vuelta de sus quehaceres, habían a menudo de esperar a que los chiquillos llegasen al final de la lectura. Mientras, también ellas curioseaban en los estantes y acababan por pedir en préstamo algún título: en ocasiones, el primer libro de su vida.

Y, en fin, un hospital fue el marco en el que una mujer empeñosa, obrando cotra corriente y armada con un carro de supermercado y un puñado de libros de acarreo, acabó por convertirse en un servicio aceptado, con beneficios terapéuticos y premiado por los libreros de Valencia.

Estas hisotiras españolas, tan ciertas como conmovedoras, las trae a colación por la pretensión de cobranza de 20 céntimos de euro por cada libro que preste una biblioteca.

Sampedro tiene por cierto que uno ha de pagar si obtiene algo a cambio, a menos que se trate de una sanción. La biblioteca pública ya pagó por el libro y muchos usuarios del servicio lo frecuentan porque no pueden comprar libros de forma regular. Más aún: el lector de biblioteca adquiere, incluso tras haberlas leído, las obras que desea tener consigo, de modo que la frecuentación de las bibliotecas fomenta, a la vez, la lectura y el consumo de libros.

Sampedro dice que prefiere ser un autor menos rico, pero más leído y se siente en deuda con las bibliotecas. En otros países, los editores se congratulan de que las redes de bibliotecas públicas sean sus clientes, pues compran numerosos ejemplares, lo que genera una apreciable ingreso a los autores.

Sea como fuere, asombra que alguien pretenda cobrar por leer en las bibliotecas de un país en el que más convendría pagar para que lo hiciéramos.


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Bibliografía:
• Guillermo Fatás. Cobrar por leer. Heraldo de Aragón. Jueves 18 de febrero de 2010. Sin enlace web. Por eso lo trascribimos aquí íntegro. 

Por la lectura. Manifiesto de José Luis Sampedro contra el préstamo de pago en las bibliotecas. 

No al préstamo de pago en las biliotecas.

jueves, 18 de febrero de 2010

Derechos morales, matemáticas y otras yerbas


Discurre el debate de los derechos de autor entre lecturas diagonales, vertiginosas hipotenusas, esquivas tangentes, incomprensibles parábolas, soberbias hipérbolas, bastantes paralelos y algún que otro cateto.

Así que igual conviene aclarar algunas cosas sobre los derechos de autor; en concreto, sobre los derechos morales, esos grandes desconocidos, como dice Pedro J. Canut:

"…en la piel de toro confundimos propiedad intelectual con “copyright”, hasta el punto de creer que ambos son una misma cosa; cuando lo cierto es que la propiedad intelectual comprende más cosas que el derecho de explotación de la copia por parte del autor (o siendo exquisitos – o puntillosos, según se mire – por parte del titular de los derechos de explotación); y entre las bondades de la normativa patria sobre propiedad intelectual se encuentran los derechos morales de autor; esos grandes desconocidos".

"Nuestra normativa de propiedad intelectual distingue entre derechos moralesderechos de explotación; los primeros son irrenunciables e inalienables; los segundos pueden cederse – inter vivos o mortis causa." y

Vayamos pues al texto de la ley, a ver qué dice.
Segúu el artículo 14 de la L.P.I. corresponden al autor los siguientes derechos irrenunciables e inalienables:
  1. Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma.
  2. Determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente.
  3. Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra.
  4. Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.
  5. Modificar la obra respetando los derechos adquiridos por terceros y las exigencias de protección de bienes de interés cultural.
  6. Retirar la obra del comercio, por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, previa indemnización de daños y perjuicios a los titulares de derechos de explotación.
    Si, posteriormente, el autor decide reemprender la explotación de su obra deberá ofrecer preferentemente los correspondientes derechos al anterior titular de los mismos y en condiciones razonablemente similares a las originarias.
  7. Acceder al ejemplar único o raro de la obra, cuando se halle en poder de otro, a fin de ejercitar el derecho de divulgación o cualquier otro que le corresponda.
    Este derecho no permitirá exigir el desplazamiento de la obra y el acceso a la misma se llevará a efecto en el lugar y forma que ocasionen menos incomodidades al poseedor, al que se indemnizará, en su caso, por los daños y perjuicios que se le irroguen.

Continúa Pedro Canut con un párrafo que no puedo sino suscribir:

"Como comprobarán los menos familiarizados con la materia, la propiedad intelectual en España, de momento, es algo más que el derecho de copia (copyrigth); y es importante que, sobre todo los que creemos en la CULTURA LIBRE (con mayúsculas) , pongamos todo nuestro empeño en mantener a estos desconocidos, de los que no suelen hablar la SGA€ y otras yerbas, pero en los que creemos quienes, de verdad, amamos y respetamos la cultura.
Como les digo siempre, no crean lo que les digo; lean el artículo 14 L.P.I".


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Bibliografía:

Poema burocrático


 Ayer les hablábamos de poesía y matemáticas.

Y un amable lector nos dejó este contrapunto de poesía y burocracia.

Que lo disfruten.


Con referencia al poema X barra 2
se le hace saber al lector interesado,
siendo contradictorio con el párrafo 267 ...
del Decreto de Poesía Moderna
del día 05.12 del año en curso,
que los versos siguientes previstos
en el susodicho párrafo
son sancionados con el cese de lirismo,
así como la falta total de rima
conforme a la disposición VDB, nº 1784.
Le corresponde al poeta,
que no disfruta del der. a la apelación,
la opción de recurrir por vía improvisada
a la soledad, si desea quejarse
presentando los permisos adecuados
previstos por la Com. Se. Poet. FFF
en base al dictamen de la instancia A.M.O.R. 226
en el transcurso de veinticuatro horas.


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Enrique Mochales; poema incluido en la "La fragilidad de la porcelana". Ed. Alberdania 2010.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Poesía y matemáticas: poema para recordar los decimales de Pi


Poesía y matemáticas nunca han estado reñidas. De hecho, muchas ecuaciones matemáticas pueden considerarse pura poesía.

También sucede a la inversa: algunos poemas pueden estar al servicio de las matemáticas. 

Éste es el caso del que escribió el ingeniero Frederic Massallé Guarné para ayudar a memorizar los decimales del número Pi:


Vas a leer, y jamás desprecia
el rimado ardid, muy fácil memorial
indicando función diametral 
que "pi" -del alfabeto- llamó Grecia 
al darnos pura luz, que aparecía 
con la fecunda Geometría.

 
El número de letras de cada palabra indica el número decimal que sigue en la secuencia de decimales de Pi. Veamos:

Vas a leer, y jamás desprecia
  3   1  4    1    5           9

el rimado ardid, muy fácil memorial
 2    6         5      3     5          8

indicando función diametral
      9           7           9

que "pi" -del alfabeto- llamó* Grecia
  3    2      3       8          4       6

al darnos pura luz, que aparecía
 2     6        4    3     3       8

con la fecunda Geometría.
  3   2     7             9

 
El resultado es:

3,141592653589793238462643383279

¿Por qué el poema termina aquí?

La explicación, seguramente, está en que los siguientes** decimales son 0288...

Hueso duro de roer el 0, problema "que ni la poesía logra superar".


* Nótese que el autor utiliza la doble ele "ll" como letra del alfabeto. Por si acaso, Elcastellano.org responde a la duda: 
"El alfabeto castellano tiene veintinueve letras: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z. En los diccionarios, no obstante, en cumplimiento de estándares internacionales, la ch y la ll –cuarta y decimocuarta letras del alfabeto– se agrupan dentro de la c y de la l, respectivamente."

También en wikipedia explican: "durante los siglos XIX y XX se ordenaron separadamente de C y L, aunque la práctica se abandonó en 1994 para homogeneizar el sistema con otras lenguas".


** Según Pi con 16 000 decimales, la secuencia correcta es 3.1415926535 8979323846 2643383279 50288…
El 5 en negrita no figura en el texto original. Sirva el presente apunte como fe de erratas. 

 
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Bibliografía:
• Claudi Alsina; El club de la hipotenusa. Ariel, Madrid 2008.

martes, 16 de febrero de 2010

El auge del tercer género: el género tonto

Leer te hace mejor, aunque no está claro que no hacerlo te haga peor.

Pero, eso sí está claro, leer tiene sus riesgos. El principal, que al hacerlo te arriesgas a leer tonterías.
Tonterías escritas por tontos. Tontos en ejercicio, no de nacimiento. Y son los más contumaces, porque la idiotez es una enfermedad que no afecta a quien la padece, sino a quien le rodea.

Y la web y redes sociales contribuyen notablemente a dar difusión a las tonterías, voceadas por coros de acólitos que, por desconocimiento, seguidismo, soberbia, afán de notoriedad, interés polemista o "fidelidad", confieren a las sandeces de un aura de verosimilitud que bastaría un poco de análisis crítico para desmantelar.
Pero el tema del análisis crítico es harina de otro costal. Hoy nos trae el tema del "género".

En el apunte anterior, comentábamos que "Los sustantivos en español pueden ser masculinos o femeninos", tal y como cuenta la RAE

Y añade la academia: "...En español no existen sustantivos neutros, ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; ..."

Pero en el caso que nos ocupa, no nos referimos al género gramatical, sino al intelectual. A ése que mis profesores de secundaria utilizaban de forma discrecional, el tercer género: el género tonto.

El género tonto se manifiesta en las circunstancias más inesperadas. Por eso todos somos candidatos a engrosar su ya de por sí larga lista.

Suele ser especialmente notorio en compañía de alguna (o todas) las siguientes actitudes:

- te empecinas en mantener una actitud beligerante aun deconociendo el tema;
- acudes en defensa a ultranza de una "causa justa" sin estar al tanto de las circunstancias que la rodean, causas y consecuencias;
- te sientes agredido personalmente cuando alguien rebate sus plantaemientos o cuestiona tus actitudes o motivos;
- respondes únicamente a tus acólitos pero eres terriblemente cansino con todos los demás;
- enarbolas la bandera de lo que es justo o no lo es para ponerlo únicamente al servicio de tus intereses;
- utilizas las expresiones "censura" o "libertad de expresión" en defensa de tus posturas y para atacar las de los demás;
- rechazas de plano las explicaciones y argumentos que entran en contradicción con tu "cruzada personal";
- "democrático" es un término que sólo atañe a los demás;
- te vuelves "más papista que el papa" en asuntos que desconoces, lo que significa, ni más ni menos, que estás siendo manipulado;
- te crees en posesión de la verdad incontestable y desprecias la discrepancia;
- …


Hay más... no quiero ser prolijo.

Fuera de internet, hace tiempo que este tipo de gente está adecuadamente localizada: políticos, faranduleros, tertulianos de pro, mequetrefes mediáticos...
Internet contribuye a ampliar la lista: egobloguers dolidos, twitteros zaheridos, meneantes desabridos, "quijotes" petulantes, infalibles opinadores, spammers contumaces…

Fauna.


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Un "agudo" lector me sugirió abrir un grupo en facebook.
Lo hemos hecho. 


Si te animas a unirte, "que nadie se ofenda. Es únicamente una propuesta de ejercicio de humildad colectiva".



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Bibliografía:
género en el RAE:

~ femenino.
1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo femenino, algunos animales hembra y, convencionalmente, seres inanimados.
2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de género femenino.


~ masculino.
1. m. Gram. En los nombres y en algunos pronombres, rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo masculino, algunos animales macho y, convencionalmente, seres inanimados.
2. m. Gram. En algunos adjetivos, determinantes y otras clases de palabras, rasgo gramatical de concordancia con los sustantivos de género masculino.


Del ~ neutro dice: 1. m. Gram. En algunas lenguas indoeuropeas, el de los sustantivos no clasificados como masculinos ni femeninos y el de los pronombres que los representan o que designan conjuntos sin noción de persona. En español no existen sustantivos neutros, ni hay formas neutras especiales en la flexión del adjetivo; solo el artículo, el pronombre personal de tercera persona, los demostrativos y algunos otros pronombres tienen formas neutras diferenciadas en singular.

lunes, 15 de febrero de 2010

Diferencia de género

Los sustantivos en castellano pueden ser masculinos o femeninos.

Cuando el sustantivo designa seres animados, lo más habitual es que exista una forma específica para cada uno de los dos géneros gramaticales, en correspondencia con la distinción biológica de sexos.

Pero a veces, una aparente diferencia de género crea diferencias de significado.


Veamos algunos casos, aunque no esté de moda hablar de diferencias de género:

• Borrajo - borraja

• Consejo - conseja

• Cazo - caza

• Cobro - cobra

• Tomo - toma

• Zapato - zapata

• Rodillo - rodilla

• Libro - libra

• Bando - banda

• Suelo - suela

• Coso - cosa


• Cuerno - cuerna 

• Cuerdo - cuerda

• Soso - Sosa


A vuestra curiosidad dejo la pertinente búsqueda de los términos que os generen dudas (que deberían ser... ¿ninguno?



¿Algún caso más?
Bienvenidos serán


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Bibliografía
Género gramatical.
Género, en la RAE

viernes, 12 de febrero de 2010

El Ulises, de Joyce: el libro que podía ser "vomitivo, pero no inmoral"

El Ulises, de Joyce, había obtenido infinitos rechazos en incontables editoriales norteamericanas y, especialmente, por parte de microcéfalos funcionarios de aduanas que obedecían órdenes superiores (los censores de correos, doctos en materia literaria). 

Pero el libro aún no había sido vetado por la justicia. Este requisito era necesario para poder lograr un dictamen legal, favorable o no. 

La editorial norteamericana recurrió a un truco. Envió un funcionario a París, que se puso en contacto con Sylvia Beach y obtuvo un ejemplar del libro. 

De vuelta a New York, un día muy caluroso, se encontró con aduaneros enervados por el bochorno que lo invitaron a pasar sin siquiera abrir las maletas. 

Pero el mensajero protestó y exigió que revisaran su equipaje porque llevaba un libro prohibido. 
El aduanero se quejó amargamente de que lo hicieran trabajar con semejante temperatura y cuando vio el cuerpo del delito comentó: "Pero si todos los turistas que vienen de Francia traen el Ulises".

Sin embargo se resignó, se hizo cargo del libro maldito y lo puso en manos de sus jefes. 

Ahora había una base para iniciar la querella, que terminó con el fallo absolutorio del juez, J.M. Wolsey, cuyo nombre no figura entre los grandes de la literatura, con torpe injusticia. 

Su Señoría dictaminó que el libro podía ser "vomitivo, pero no inmoral".

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Bibliografía
Juan Carlos Onetti. Confesiones de un lector. Alfaguara, Madrid, 1995.
• Más anécdotas literarias en Hoja por hoja.

jueves, 11 de febrero de 2010

"No tienen la máquina"

Acudió Saramago a un congreso en Vigo sobre Torrente Ballester.
A la salida, compró seis libros de su colega español.

Las chicas a cargo de la venta no fueron capaces, tras varios intentos, de sumar correctamente los precios de los seis libros.

Un colega, allí presente, justificó: "No tienen la máquina".

Saramago, que se sintió de pronto experto en matemáticas, pidió papel y lápiz y les hizo él mismo la suma.
Las chicas se quedaron
estupefactas ante la escena.

Cuenta Saramago al respecto:

"…Como si al no tener cerillas, aparece un salvaje frotando dos palitos secos y les enseña el arte de hacer fuego".


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La excusa elevada a la categoría de explicación y justificación.

Y de paso, dos reflexiones:
Qué clase de inculto eres: ¿de ciencias o de letras?;
Yo objeto a la ignoracia.

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Bibliografía:
José Saramago. Cuadernos de Lanzarote. Alfaguara. Madrid 1997.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio. Jardiel Poncela

La frase es de Jardiel Poncela, uno de los más conspicuos dramaturgos que dio la literatura española de la primera mitad del siglo XX.

Su figura y su obra no forman parte adecuada del Olimpo de la literatura española, probablemente, por el revisionismo político que ha sufrido la cultura de aquellos años y, seguramente en mayor medida, por la consideración de literatura menor que ha cobrado el treatro después de la irrupción de la novela como género imperante y al alcance de (casi) cualquiera, público y escritor.

Su vida no estuvo exenta de peripecias. Sus primeras colaboraciones se enmarcan dentro del nuevo humorismo literario español. Gómez de la Serna es una de sus influencias más destacadas en aquella época, influencia que perdurará en toda su obra posterior.

Su primera comedia estrenada en Madrid en 1927,
Una noche de primavera sin sueño, es ya una muestra representativa de su forma de hacer teatro y humor. Tras un par de novelas sin mucho éxito y la más popular comedia Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, estrena en 1932 en Valencia y en Madrid un año después Usted tiene ojos de mujer fatal.

En esos años colabora en Hollywood para la Fox en la realización en castellano de algunas películas de la productora. Siguió colaborando con la Fox hasta 1935 e incluso rodó una versión cinematográfica de su
Angelina o el honor de un brigadier.

De aquella experiencia americana
el propio Jardiel Poncela "solía hablar en un tono entre indiferente y despectivo, como si el trabajo que allí realizó para los estudios californianos no hubiera sido más que un pasatiempo inútil. Lo malo de Jardiel es que era plenamente consciente de su enorme talento y ello le llevaba a pensar que casi todo cuanto hacía quedaba, en mayor o menor medida, por debajo de su potencial creativo."

Comienza la Guerra y, como consecuencia de una denuncia anónima, es detenido bajo la acusación de haber cobijado en su casa al ex-ministro de la República Rafael Salazar Alonso -ejecutado unos meses más tarde- y conducido a una checa (local que utilizaban los milicianos de izquierda como cárceles).
Demostrada la falsedad de la denuncia, fue puesto en libertad pocos días después.

Sale de España en 1937 y tras unos meses en Francia y Argentina, vuelve a España en 1938 y se instala definitivamente en Madrid en 1939.

Los años siguientes son de una creatividad excelente, y publica y estrena algunas de sus mejores comedias:
Eloísa está debajo de un almendro, considerada su obra maestra; El amor sólo dura 2.000 metros, Los ladrones somos gente honrada, Madre (el drama padre); Es peligroso asomarse al exterior, Los habitantes de la casa deshabitada, Blanca por fuera y Rosa por dentro, Las siete vidas del gato y A las seis en la esquina del bulevar.
En 1943 año se estrena la versión cinematográfica de
Eloísa está debajo de un almendro, dirigida por Rafael Gil, y crea la Compañía de Comedias Cómicas.


Un año después inicia una gira por Hispanoamérica que tiene que suspender debido a los incidentes causados por republicanos exiliados y contrarios al régimen franquista, que reventaron los estrenos. Este suceso supone el comienzo de su decadencia.
En 1946 recibe el Premio Nacional de Teatro. Desde ese año apenas escribe un par de comedias y el fracaso de la última de ellas le sume en el fracaso físico y económico.

Dice el propio Jardiel sobre su método de trabajo:

Trabajo siempre en los cafés, pues para trabajar, necesito ruido a mi alrededor, y en ese ruido me aíslo como el pez en la pecera.

En el trabajo soy constante, igual que «Macías, el enamorado». Rara vez se pone el sol sin que haya escrito algo. Escribo al mediodía, y a veces, también por la tarde, y a veces, también por la noche.

Un
párrafo de Wikipedia resume muy bien su obra y su originalidad:
"La originalidad de Jardiel no reside tanto en la selección de los temas como en la creación de situaciones grotescas, ridículas o increíbles, lo cual consigue por medio de ironías, diálogos vivaces, equívocos, sorpresas o contrastes de estilos y registros, mezclando a menudo lo sublime y lo vulgar".

También tuvo problemas con la censura franquista. Y de ellos probablemente surge la frase que da título a esta entrada.

Posee Jardiel Poncela muchas de las características de los miembros de la Generación del 27 y como tal suele ser considerado, aunque la larga figura de poetas y represalidados hayan copado esa consideración a ojos del público en general.
Si a eso le añadimos la poca relevancia que suele tener el teatro en los medios y, sobre todo, en los intereses culturales generales, da como resultado una figura injustamente ignorada por el conocimiento popular, a pesar de que sus obras siguen vigentes y representándose constantente.

Dijo Pedro Laín Entralgo:

Hay una Generación del 27, la de los poetas, y otra Generación del 27, la de los «renovadores» —los creadores más bien—, del humor contemporáneo.

Estos creadores del humor contemporáneo, a los que alude Laín Entralgo fueron Antonio de Lara Tono, Edgar Neville, Enrique Jardiel Poncela, José López Rubio y Miguel Mihura, nombres destacadísimos y aun fundamentales en la escena española contemporánea y en otros campos de la creación literaria.


Fallece en 1952, arruinado y abandonado por muchos de sus amigos. Su epitafio es muy elocuente:

«Si queréis los mayores elogios, moríos».



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P.D. El recuerdo de la figura de Jardiel Poncela y de la frase que da título a esta entrada me la sugirió la lectura de este articulo:
La Sociedad de control, publicado en ABCD las Artes y las Letras el 16 de enero de 2010

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Bibliografía relacionada con Jardiel Poncela:
Jardiel Poncela en wikipedia.
Jardiel Poncela cumple 100 años, en el Centro Virtual Cervantes.
de donde está sacada la imagen que ilustra el apunte.
Jardiel en el recuerdo.
Enrique Jardiel Poncela, maestro del humor.
Jardiel, la otra Generación del 27.
Los otros Lorcas.
Homenaje a Enrique Jardiel Poncela.
Página de Enrique Jardiel Poncela.
Jardiel Poncela en Hollywood: la melodía prohibida.

martes, 9 de febrero de 2010

La alternativa a la ausencia de matemáticas son los bárbaros

Los imperios, como las personas, tienen sus ciclos vitales.

Nacen, viven, mueren. El imperio romano no fue una excepción. Cabe entonces preguntarse por todo lo que contribuyó a su decadencia.

E inmediatamente parecen mil razones que justifican su decrepitud.

Sin embargo, hay una razón que también debería tenerse en cuenta y es el nulo nivel matemático de los romanos.

Pueblo pragmático y aplicado, poco se preocupó del desarrollo científico.

Y la falta de nuevos avances matemáticos frenó sin duda su desarrollo (incluido el militar).

Con sólo matemáticas no se sostiene un imperio, pero sin ellas tampoco.

La alternativa a la ausencia de matemáticas son los bárbaros.

¿Lección aprendida?

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Entrada realizada con motivo del Primera Edición del Carnaval de matemáticas que eliatron ha puesto en marcha y que se desarrollará toda esta semana de 8 al 15 de febrero; y es el complemento al entremés que publicamos ayer con el mismo motivo.

El texto es de Claudi Alsina, publicado en su libro "El club de la hipotenusa". Ariel, Madrid 2008.

lunes, 8 de febrero de 2010

El sabio de Palacio. Entremés en tres escenas (#Carnaval de matemáticas)

Hace unas semanas eliatrón concovó el Primer Carnaval de matemáticas.

Abrió, incluso, una web específica para hacer de anfitrión de ésta la primera edición.

Las bases son sencillas:
Durante la semana del 8 al 12 de Febrero todos aquellos que queráis participar, deberéis publicar en vuestros blogs una entrada sobre matemáticas en cualquiera de sus aspectos: divulgación, curiosidades, investigación, citas, imágenes,... cualquier cosa es buena, siemrpe que esté relacionada a dar a conocer las Matemáticas.

Aquí está nuestra aportación en forma de entremés.


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El sabio de Palacio
(Entremés en tres escenas)


Gente

Rey
Clérigo/Sabio (que por ambos nombres se le llama)
La Guardia
Primogénito
Segundo
Benjamín
Hija


PRIMERA ESCENA

De noche, casi madrugada.
El Rey, anciano. El Sabio, joven, descarado, casi impertinente. La guardia, aburrida, somnolienta.
La hija del Rey quedado ha en sus aposentos pero, según se verá más adelante, no es ajena a estos asuntos.
Presuroso corrido ha el clérigo de palacio, camino de la habitación del trono, por los pasillos. Encuéntrase allí el rey, postrado en la descomunal silla, abigarradamente adornada desde la primera pata hasta el postrero rincón de respaldo, visible apenas a causa las enormes proporciones del monarca.
Todo está bastante oscuro, por lo que es difícil distinguir el mobiliario: aquí unas cortinas; allí una ventana cerrada; más allá... no se ve. Una luz de velas ilumina la escena.


Clérigo
(todavía jadeante)
Oh!, grandísima majestad, vos que todo conocéis, que por vos este reino vive, cuán grave será lo que os desvela que a estas horas mandáis me llamar.

Rey
Clérigo locuaz... No lo hago por mi agrado, bien lo sabéis. Más querría ver os colgar por los pulgares de la torre más alta. Pero no será ahora. Mas si conseguís enervarme tal vez os mande apresar y conducir a la mazmorra una temporada, más bien larga.

Clérigo
(más, mas, más... desagradecido, ingrato. Si no es por mí para rato conserváis la cabeza sobre los hombros)

Rey
(incorpórase en la silla; acerca la oreja para oir mejor)
¡Osáis murmurar, bellaco!. ¿Qué farfulláis en mi presencia?

Clérigo
(como al que le han dado un susto)
Nada, nada, atentísima majestad. Decía que hace apenas un rato que fui despertado y no, todavía, la cabeza tengo muy sobre los hombros.

Rey
¡Huy! (Mientras sacude hacia abajo con la mano). No es eso novedad. Nunca habéis la tenido muy en su sitio.

Clérigo
(...y que hay que aguantar de esta guisa para que se sienta feliz y poderoso...)

Rey
(gesticula bastante; más bien mucho)
Masculláis de nuevo, canalla. ¿No sabéis que podéis ser castigado por incomodar al rey?.

Clérigo
Sí, sí, excelsa majestad, cierto es que lo sé. Mi intención no era incomodar os. Dije que habíais dado feliz definición de este pobre sabio deseoso de os ser de ayuda, oh! mi rey muy poderoso.

Rey
Antes menos os ocupó. Habláis más deprisa por lo bajo, según veo.

Clérigo
(no, no, majestad. Por lo bajo aprovéchome de vos cuanto puedo. Si saber pudiérais que es, por las noches, quien me ayuda vuestra hija...)

Rey
Oigo os nombrar a mi hija. Mandaré os azotar por ello. Procédase.

Clérigo
(¿Miedo?, ninguno)
Oh, oh, conspicua majestad. Quise sólo advertir os de que algunas noches se producen hurtos en lo bajo del castillo con ayuda de algún aprovechado y que temo por vuestra hija.

Rey
Deteneos. No sé por qué os creo, mas no temáis. Mi hija duerme a salvo.

Clérigo
(Ya lo creo que así es. A menudo lo hace conmigo)

Rey
(No; si al final va a tener que azotarle)
¡Guardia!, sin demora, el látigo. Lo haré yo mismo.

Clérigo
¡Ay, Ay! selecta majestad. Tened piedad de mí. Apenas dije que así habrían, los ladrones, de batirse conmigo.

Rey
(Con el látigo en una mano, golpeándose la otra)
Sois un joven muy insolente y debería dar os vuestro merecido. Mas sois el Sabio de Palacio, todavía no sé por qué mantengo os en puesto tal, y necesito vuestra ayuda.

Clérigo
(se frota las manos)
¿No será, invicta majestad, respecto a vuestra reciente aportación a la Santa guerra?. Pensé que quedó todo aclarado.

Rey
Nada de eso.

Clérigo
(Reflexivo, mano en barbilla)
¿Quizá algo, discreta majestad, referente a vuestra servidumbre, digamos, privada?. ¿Alguna queja tal vez?

Rey
(Suspiro)
Ved qué torpe lacayo. A nada llegaréis si tan descarado os mostráis. De sobra sabéis que sólo despacho esos asuntos durante el paseo vespertino. Agradece que éstos, (el gesto con el que señala es claramente despectivo, amén de amanerado), la guardia, me refiero, son tontos y mudos. Si no, ya estaríais en el foso sirviendo de comida a las fieras.

La Guardia
(Despertar finge del letargo. El tono es levemente irónico)
¿Llamabáis, Majestad?.

Rey
No, guardia, no. (Suspiro). Retiraos. (Váse La Guardia. Solos quedan amo y vasallo).

Clérigo
¿Cómo, indulgentísima majestad, podréis perdonarme estas y otras faltas?; ¿qué puedo hacer por vos, muy benéfica majestad, para os ser de ayuda y pagar así mi torpeza?.

Rey
(le señala con el látigo)
Por eso precisamente os mandé llamar, para que me seáis de ayuda, una vez al menos.

Clérigo
(Reverente)
Ese es mi deseo mayor, generosa majestad.

Rey
(Grave)
Sea. Como véis ya soy viejo y la muerte me acecha. Mucho es el peso del poder y mi gran reino exige no menos esfuerzo para su justo gobierno y...

Clérigo
(Ya estamos con achaques)

Rey
(Sorprendido ante la osadía de interrumpirle; no está habituado a que ocurra semejante cosa)
¡No me interrumpáis cuando os hablo, sabiondo de pacotilla! Qué podré hacer con él... ¿Dónde estaba...? Sí; decía que...

Clérigo
Lo siento muchísimo, pacientísima majestad. No volveré a...

Rey
Callad... (casi se diría que va a levantarse para imponer su ira regis pero finalmente sólo suspira); callad de una vez, osado charlatán o no terminaré de contar os mis cuitas antes de os hacer decapitar.

Clérigo
(Aún hace ademán de añadir algo más, pero el gesto del Rey es más que expresivo: dedo índice acusador, mirada severa, bien visible la fusta)
...

Rey
(Al fin)
Como sin duda sabéis, no ha mucho que testé en favor de mis tres hijos varones, en unas condiciones que vos mismo sugeristeis: la mitad de mi reino para mi legítimo heredero y continuador de mi gloria; la tercera parte para Segundo, con la única condición de respetar a Primogénito; por fin, la novena parte restante para mi Benjamín, que aspira a la santidad, y servirá de dote más que generosa en el momento de ingresar en la orden.

Clérigo
Claro, claro, rectísima majestad, pero vos fuistéis quién lo aprobó dándole así rango de ley, Señor.

Rey
Ciertamente. El reparto es justo. Los varones heredan el reino y mi hija, muerta ya su madre, cuidará de mí, que mantendré en propiedad este castillo donde habitaré retirado del mundo, esperando únicamente mi óbito, que presiento próximo.

Clérigo
¿Qué problema, entonces, se os presenta, clarísima majestad?. Todo parece decidido si vuestra voluntad no dicta lo contrario. ¿Es acaso esto lo que sucede, consecuentísima majestad?.

Rey
(Niega con el azotador. Se levanta y se apoya en el respaldo del trono mientras continúa señalando al sabio con el látigo)
No por cierto. Mi voluntad ha de cumplirse en estos mismos términos. Mas existe un problema que vos debéis solucionar porque poseéis clerecía, arregláis mis problemas con las leyes y ponéis en práctica mis decisiones. (No sé muy bien por qué, pero así es. En fin). Esta noche estaba decidido a repartir definitivamente mi reino entre mis hijos y me encuentro con que lo componen diez y siete castillos con sus tierras respectivas. ¿Cómo haré para repartir ese número según lo acordado?. Vos encontraréis la solución. Para eso se os mantiene.

Clérigo
(hace una reverencia)
Cómo no, desinteresada majestad. ¿Cuándo debo dar os respuesta?.

Rey
(Mientras sale por la puerta por la que entró el sabio)
He citado a mis hijos la próxima luna, para vísperas. A esa hora presentaréis la solución y se consumará el reparto. Si no es así, la vida perderéis.

Clérigo
(El rey ya no le oye; se diría que habla para sí mismo)
Breve tiempo es, reflexiva majestad, pero así se hará.




SEGUNDA ESCENA

Algunos días más tarde.
El Rey, en su lecho, muy enfermo ya.
El Sabio, radiante, ha salido de la habitación de la hija del rey, con la que, según nos parece, ha yacido -como es su (de ellos) costumbre- y preparado la siguiente escena.
La estancia es austera. Hay algunos cuadros con escenas de luchas contra el infiel. Por supuesto, un Cristo protege al enfermo.


Clérigo
(A los pies del lecho)
Oh! mi muy venerada majestad. He estos días estado pensando, y veo cómo se termina el plazo y no hallo solución, a menos que aceptéis una condición. No es por mi vida por la que temo, perpetua majestad, mas por la de vuestros hijos.

Rey
(Malhumorado, más por su postración que por la noticia)
Hablad pues. ¿Qué condición es esa que pedís que afecta a mis vástagos?.

Clérigo
(se acerca a la cabecera)
Ved, ved, previsora majestad: ¿qué ocurrirá cuando vos muráis?; ¿para quién será este castillo y sus bienes?. (Tono trágico). Vuestros hijos varones por él pleitearán y vuestro próspero reino destruido quedará por la guerra y vuestra gloria olvidada y vuestro recuerdo empañado. (Seguro). Debéis, sabia majestad, incluir este castillo en el testamento para que sea también repartido, siquiera después de vuestra muerte.

Rey
(Extrañado)
Habláis sabiamente, clérigo. Veo que pensáis en el bien de mi familia. Ello os honra.

Clérigo
Otra cosa, brillante majestad. Creo que deberíais pensar en el futuro de vuestra hija cuando vos faltéis. Deberá casar, aunque no con cualquiera. Debería constar en vuestra última voluntad que su pretendiente debe ser al menos castellano, es decir, poseedor de un castillo, si no varios. Aseguraréis así su futuro bien estar.

Rey
(Pasa de estar extrañado a estar asombrado)
Justo es lo que dices. ¿Cómo pude olvidar ese detalle?. Bueno, para eso os tengo a vos. Sois servidor leal. Os recompensaré por ello. Decid: ¿qué deseáis?.

Clérigo
Lo que sobre del reparto.

Rey
Extraña petición. Nada os corresponderá. (El rey no se ha sorprendido esta vez por tamaño deseo; y si lo ha hecho, lo disimula muy bien).


Clérigo
Esa es mi voluntad. Prefiero poseer nada de su sapientísima majestad que riquezas de cualquier otro. Es bastante haber os servido.

Rey
(Qué fidelidad; ¿tramará algo?; no parece importarle mucho al Rey, que en el fondo tiene cierta debilidad por su sabio)
Bien. Que así conste. Ocupáos de ello.

Clérigo
(Como casualmente, saca un pliego)
Ya lo he hecho, con vuestro permiso, docta majestad. Pensé que os parecería correcto. Aquí os traigo el nuevo documento para su firma, serenísima majestad.

Rey
(La medio sonrisa que oculta no se sabe muy bien si es señal de admiración o de complicidad)
Pensáis siempre más rápido que vuestro rey. Será por eso que os mantengo a mi lado. Sea.





TERCERA ESCENA

Dónde suceden algunas cosas y en un ir y venir todo queda resuelto y todos conformes.
El rey, en el lecho de muerte.
Primogénito, Segundo y Benjamín acudido han a su llamada.
El sabio aguarda su oportunidad y actúa.


Rey
(Místico)
Oh! Caronte llama a mi puerta. Pronto emprenderé el viaje sin retorno. Recibid, hijos míos, mi bendición y administrad con juicio aquello que os corresponda.

Primogénito
(Altivo, responsable)
Así será, padre.

Rey
(Convincente)
Todo está previsto en el testamento. Reuníos con el sabio de palacio y proceded al reparto. Y no disputéis por lo que allí se diga. Pensad siempre que es mi voluntad. Id os ahora. Quiero descansar.

Primogénito
Luego es hecho, hermanos. ¡Guardia! llamad al clérigo a la habitación del trono.

La Guardia
(Sigue sin perder ripio de cuanto se dice o hace alrededor. Está presente pero nadie repara en ella. No tiene ningún problema en mostrar una sonrisa ladeada)
Allí se encuentra, señor. Os espera a los tres.

Primogénito
(Tras un momento de duda: Adivina siempre lo que vamos a hacer los demás? Se recupera).
Vayamos pues (le siguen sus hermanos) y solucionemos más pronto que tarde la herencia antes de que nuestro padre muera.

Clérigo
Bienhallados seáis, carne de la carne de mi amadísima majestad.

Primogénito
(El sabio no le cae muy bien)
Callad esta vez y proceded a la lectura de las voluntades.

Clérigo
Sucinto seré para no os cansar.

Primogénito
(Que estaba de espaldas, se vuelve con el ceño fruncido)
Sucinto sois. ¿No es ese vuestro nombre?

Clérigo
Breve, quise decir: Primogénito, a vos la mitad del reino. A vos corresponde continuar la gloria de vuestro padre; otrosí, a vos hermano Segundo, la tercera parte, siempre que respetéis a vuestro mayor; otrosí, a vos Benjamín, la novena parte como dote para la congregación en la que ingreséis, a vuestra elección. Esto sólo será válido si se cumplen las condiciones acordadas.

Primogénito
(Aprobador)
Justo parece nos, a la vista. Repartid.

Clérigo
Apresurados os veo. Procedo: el reino lo componen diez y ocho castillos con sus tierras. A vos, heredero, la mitad: nueve; la tercera parte son seis, Segundo; la novena, Benjamín, dos.

Primogénito
Volvamos, hermanos, al lecho paterno a recibir su consejo y a agradecer tan generoso y ecuánime reparto.

Clérigo
(Tras todos)
Sí, vayamos. Vaya también yo. (Con seguridad mi presencia ha de ser requerida. Tengo, además, una petición que formular a su benevolente majestad).

Rey
Pasad hijos míos. Saber quiero vuestro parecer. (Los hijos rodean el lecho paterno)

Primogénito
Oh! padre nuestro. Justo nos ha parecido. A mí, nueve castillos. Vuestro nombre perdurará y vuestro recuerdo gobernará el reino.

Segundo
A mí, padre, seis. En vuestro lecho de muerte juro nunca disputar el reino a mi hermano.

Rey
Y a ti, querido Benjamín, ¿te place?.

Benjamín
Pláceme de grado. Mis dos castillos servirán para asegurar y continuar la obra de Dios.

Primogénito
(De pronto)
Sólo resta un problema, padre. ¿Qué será de nuestra hermana cuando vos muráis?. Como hermano mayor asumiré su custodia y la responsabilidad de velar de ella y protegerla y disponer su futuro, pues nada dijo el sabio al respecto.

Sucinto, el sabio
Ya que se me nombra, espléndida majestad, dejadme os pedir a vuestra hija en matrimonio.

Rey
(Una vez más no se sabe si el Rey está o no sorprendido; no en vano ha sido gobernante muchos años. Pero esa sonrisa oculta tras sus fatigados ojos...)
Imposible es de todo punto. Nadie sois. Nada poseéis. Vos mismo sugeristeis en el testamento las condiciones que su pretendiente ha de cumplir.

Sabio
Cierto es, memoriosa mejestad, lo que decís. Mas no es menos cierto que en ese documento se estipula que yo heredaré de vos aquello que sobre del reparto de vuestro reino entre vuestros hijos.
Repartido he los diez y ocho castillos según vuestra voluntad: la media parte, nueve para el mayor; la tercia, seis para el siguiente; la novena parte, dos de dote. Nueve más seis más dos son diez y siete. Después de hacer el reparto sobra uno. Según lo acordado por vos, larguísima majestad, me corresponde. Como castellano de derecho cumplo las condiciones para aspirar a la mano de vuestra hija.

Rey
Conseguisteis engañarme, clérigo sabio y astuto, y de ese engaño obtenido habéis gran bebeficio. Sin embargo en nada habéis perjudicado a los míos ni cambiado mi voluntad. Ahora veo que contigo nada le ha de faltar a mi hija. Sea, pues, lo que pides, y sé admitido como uno más de entre los de mi estirpe, para mayor gloria de mi nombre y de mi descendencia. Nada más me resta por hacer. Muero pues.


Fin

si bien sería posible extenderse en la futura felicidad del Sabio con la hija del Rey, aunque no será así por respeto al finado y al luto que merece persona tan principal.
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