viernes, 30 de enero de 2009

En el nombre de господин калашников (mister Kaláshnikov)

Para evaluar la situación de los derechos humanos, los analistas observan el precio al que se vende el kaláshnikov. Cuanto más barata sea la metralleta, más se violan los derechos humanos.

Murieron por el fuego del kaláshnikov Sadat, Dalla Chiesa, Ceaucescu. Allende tenía proyectiles en el cuerpo; forma parte de la bandera de Mozambique y de símbolos de grupos desde al-Fatah al MRTA en Perú. Bin Laden lo utiliza como único símbolo amenazador. Ha acompañado a todos los papeles: libertador, opresor, soldado, terrorista, escolta del presidente.



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El AK-47 es un arma capaz de disparar en las condiciones más adversas. Es imposible que se encasquille, está lista para disparar aunque esté llena de tierra o empapada de agua, es cómoda de empuñar, tiene un gatillo tan suave que hasta un niño puede apretarlo. La fortuna, el error, la imprecisión: todos los elementos que permiten salvar la vida en los enfrentamientos parecen quedar eliminados por la certeza del AK-47, un instrumento que impide que el hado tenga papel alguno. Fácil de usar, fácil de transportar, dispara con una eficacia que permite matar sin ninguna clase de entrenamiento.

«Es capaz de transformar en combatiente hasta a un mono», declaraba Kabila, el temible líder político congoleño. En los conflictos de los últimos treinta años, más de cincuenta países han utilizado el kaláshnikov como fusil de asalto de sus ejércitos. Se han producido matanzas con el kaláshnikov, según la ONU, en Argelia, Angola, Bosnia, Burundi, Camboya, Chechenia, Colombia, el Congo, Haití, Cachemira, Mozambique, Ruanda, Sierra Leona, Somalia, Sri Lanka, Sudán y Uganda. Más de cincuenta ejércitos regulares tienen el kaláshnikov, y resulta imposible hacer una estadística de los grupos irregulares, paramilitares y guerrilleros que lo utilizan.


Murieron por el fuego del kaláshnikov: Sadat, en 1981; el general Dalla Chiesa, en 1982; Ceaucescu, en 1989. En el chileno Palacio de la Moneda, Salvador Allende fue encontrado con proyectiles de kaláshnikov en el cuerpo.Y estos muertos eminentes constituyen la verdadera carta de presentación histórica de la metralleta. El AK-47 incluso ha acabado formando parte de la bandera de Mozambique y se halla también en centenares de símbolos de grupos políticos, desde al-Fatah en Palestina hasta el MRTA en Perú. Cuando aparece en vídeo en las montañas, Osama bin Laden lo utiliza como único símbolo amenazador. Ha acompañado a todos los papeles: al del libertador, al del opresor, al del soldado del ejército regular, al del terrorista, al del secuestrador, al del guardaespaldas que escolta al presidente.
(...)
Es el auténtico símbolo del liberalismo económico, su icono absoluto. Podría convenirse incluso en su emblema: no importa quién seas, no importa lo que pienses, no importa de dónde provengas, no importa qué religión tengas, no importa contra quién ni a favor de qué estés; basta con que lo que hagas, lo hagas con nuestro producto.

Con cincuenta millones de dólares se pueden comprar cerca de doscientas mil metralletas; es decir, que con cincuenta millones de dólares se puede crear un pequeño ejército.Todo lo que destruye los vínculos políticos y de mediación, todo lo que permite un consumo masivo y un poder exorbitante, se convierte en vencedor en el mercado; y Mijaíl Kaláshnikov, con su invento, ha permitido a todos los grupos de poder y de micropoder contar con un instrumento militar.

Después de la invención del kaláshnikov, nadie puede decir que ha sido derrotado porque no podía acceder al armamento. Ha llevado a cabo una acción de equiparación: armas para todos, matanzas al alcance de cualquiera. La batalla ya no es ámbito exclusivo de los ejércitos.
(...)
El kaláshnikov ha permitido a todos convertirse en soldados, incluso niños y muchachitas esmirriadas; y ha transformado en generales del ejército a personas que no sabrían ni guiar a un rebaño de diez ovejas. Comprar metralletas, disparar, destruir personas y cosas, y volver a comprar. El resto son solo detalles.
(...)
Cuando miro los retratos de Mijaíl Kaláshnikov pienso siempre en Alfred Nobel, famoso por el premio que lleva su nombre, pero en realidad padre de la dinamita. Las fotos de Nobel en los años posteriores a la elaboración de la dinamita —después de que comprendiera el uso que se haría de su mezcla de nitroglicerina y arcilla— lo retratan trastornado por la inquietud, con los dedos atenazando la barba. Tal vez sea impresión mía, pero cuando miro las fotos de Nobel, con el entrecejo fruncido y los ojos perdidos, parecen decir una sola cosa: «Yo no quería. Yo pretendía abrir montañas, desmigajar masas rocosas, crear galerías. No deseaba lo que ha sucedido».
(...)
la cara de Mijaíl Kaláshnikov parece decir: «Todo va bien, no son problemas míos, yo solo he inventado una metralleta. Cómo la usen los demás, es algo que no me atañe». (...) Mijaíl Kaláshnikov no es un traficante de armas, no interviene para nada en la mediación para comprar metralletas, no tiene influencia política, ni posee una personalidad carismática; pero lleva consigo el imperativo cotidiano del hombre en la época del mercado: haz lo que debas hacer para vencer; lo demás no te importa.


Las instituciones internacionales de investigaciones económicas están constantemente sirviendo datos, que nutren cada día a los periódicos, las revistas y los partidos políticos; como, por ejemplo, el célebre índice «Big Mac», que considera más próspero un país cuanto más caro cuesta un bocadillo en los McDonald's.

En cambio, para evaluar la situación de los derechos humanos, los analistas observan el precio al que se vende el kaláshnikov.
Cuanto más barata sea la metralleta, más se violan los derechos humanos, más corrompido se halla el Estado de derecho, y más podrido y arruinado está el armazón de los equilibrios sociales.
En África occidental, el precio del arma puede llegar a los cincuenta dólares. En Yemen es posible encontrar AK-47 usados de segunda y tercera mano incluso a seis. El dominio del este, su impronta en los depósitos de armas de los países socialistas en descomposición, han convertido a los clanes casertanos y napolitanos en el mejor referente para los traficantes de armas, junto a las bandas calabresas, con las que se hallan en permanente contacto.


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Saviano, Roverto; Gomorra. Random House Mondadori, Barcelona, 2006, pp.195-196

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Bibliografía:
Nostalgia del AK-47
Feliz Cumpleaños, camarada Kalashnikov
.
Gracias a meneame por la búsqueda selectiva de la bibliografía
y a Soviet Russia por la traducción del títular.

jueves, 29 de enero de 2009

Yo objeto a la ignorancia

- Yo objeto a Literatura. No me gusta leer;

- Yo objeto a Física y Química. Las cosas son como son porque Dios los quiso;

- Yo objeto a Matemáticas. La teoría no sirve para nada el día de mañana;

- Yo objeto a Lengua. La lengua debe ser como la hablamos. Nada de normas;

- Yo objeto a Educación Física. Correr es de cobardes;

- Yo objeto a Geografía. Qué me importa donde están los demás. Me importa donde estoy yo;

- Yo objeto a Historia. Tantas fechas, acontecimientos y listas de reyes ya están en los libros;

- Yo objeto a Ciencias Naturales: En mi casa somos creacionistas y todo eso son paparruchas;

- Yo objeto a Filosofía. Doctores tiene la iglesia...

- Yo objeto a Educación para la Ciudadanía: "sólo los padres podemos decidir sobre la educación moral de nuestros hijos" (sic)

- Y a la Biología; y a la informática; y a la medicina; y a cualquier tipo de conocimiento que me obligue a saber cómo y por qué son las cosas. Yo sólo quiero poder usarlas.

En fin: yo objeto a la ignorancia.

domingo, 25 de enero de 2009

Relatos imprescindibles

El cuento es un género literario. Sin duda. Llámenlo relato si creen que suena menos "infantil". La historia de la literatura está llena de obras maestras del relato. Y ha habido grandes maestros del género.
Con motivo de bicentenario de Edgar Allan Poe, Babelia ha publicado un especial dedicado al cuento como género literario en auge, titulado "Viene a Cuento".

Me interesa en este caso la aportación que todos los colaboradores del especial hicieron para los lectores: los títulos de sus cuentos favoritos de la literatura universal. Seguro que faltan algunos pero es una selección de "relatos universales que no hay que perderse".

El texto es el original del diario; nosotros hemos buscado y añadido los enlaces a los textos. De los que no hemos encontrado el texto citado, hemos enlazado algún artículo interesante sobre el tema, algún texto alternativo del mismo autor, alguna referencia biobibliográfica o el website oficial del autor.

El llano en llamas, de Juan Rulfo;
Bartleby, el escribiente, de Herman Melville (Berta Marsé).

Carta a una señorita en París, de Julio Cortázar;
La dama del perrito, de Antón Chéjov (Cristina Cerrada).

La Resucitada, de Emilia Pardo Bazán;
El bailarín del abogado Kraykowsky, de Witold Gombrowicz (Cristina Fernández Cubas).

El Aleph, de Jorge Luis Borges;
Una casa con buhardilla, de Antón Chéjov (Eloy Tizón).

El espejo y la máscara, de Jorge Luis Borges;
Una luz en la ventana, de Truman Capote;
Donde su fuego nunca se apaga, de May Sinclair (Fernando Iwasaki).

Bienvenido, Bob, de Juan Carlos Onetti;
El álbum, de Medardo Fraile;
En medio como los jueves, de Antonio J. Desmonts;
Alguien que me lleve, de Slawomir Mrozek;
Los gemelos, de Fleur Jaeggy;
La colección de silencios del doctor Murke, de Heinrich Böll;
Guy de Maupassant, de Isaak Babel (Hipólito G. Navarro).

Un tigre de Bengala, de Víctor García Antón;
La revolución, de Slawomir Mrozek (José Luis Pereira).

No oyes ladrar los perros, de Juan Rulfo;
El veraneo, de Carmen Laforet;
La corista, de Antón Chéjov,
Rikki-tikki-tavi, de Rudyard Kipling (José María Merino).

Continuidad de los parques, de Julio Cortázar;
El nadador, de John Cheever (Juan Casamayor).

El Sur, de Jorge Luis Borges;
Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas;
Tres rosas amarillas, de Raymond Carver;
La dama del perrito, de Antón Chéjov (Juan Cerezo).

El infierno tan temido, de Juan Carlos Onetti;
Los muertos, de James Joyce (Juan Gabriel Vásquez).

Las lealtades (de Largo Noviembre de Madrid), de Juan Eduardo Zúñiga;
El nadador, de John Cheever (Miguel Ángel Muñoz).

Continuidad de los parques, de Julio Cortázar;
William Wilson, de Edgar Allan Poe (Patricia Estebán Erlés).

Ojos inquietos, de Medardo Fraile;
Noche cálida y sin viento, de Julio Ramón Ribeyro;
Mister Jones, de Truman Capote (Pedro Ugarte).


Aquí os dejo el listado del resto de las colaboraciones del "especial" porque el enlace directo a Babelia cambiará su aspecto con la próxima actualización:

Elogio del cuento
Alberto Manguel

José Luis Sampedro, el escritor constante
Diego Narváez

Cuentos infinitos
Cristina Fernández Cubas

Regreso a casa
El relato vive una renovación y una revaloración en España. Autores, editoriales y lectores empiezan a recuperar la tradición de un género que tiene en esta época de celeridad y ciberespacio su mejor aliado.
Winston Manrique Sabogal

La tradición española
José María Merino

Los hijos de Poe
Sus relatos son artefactos lógicos, de precisión clínica, y en ellos cada acontecimiento y cada detalle se encaminan a producir un efecto único y traumático.

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viernes, 23 de enero de 2009

Lección de historia en 27 enmiendas

La constitución norteamericana fue la primera que plasmó el espíritu de la ilustración del s XVIII y recogió los valores fundamentales de toda sociedad moderna de igualdad y respeto a los derechos humanos fundamentales, de separación de poderes y de garantías legales para todos los ciudadanos.

Desde su aprobación en 1787* ha sufrido pocas modificaciones (27 en total);

Conocer el texto y el espíritu de esas enmiendas es una lección de historia contemporánea que nos ayudará a comprender mejor el mundo en el que vivimos.

Algunas de ellas son muy conocidas por la influencia que ha tenido la cultura norteamericana en el resto del mundo; otras no tanto pero son de un impresionante calado social; otras son casi del todo desconocidas porque su alcance es estrictamente doméstico pero son igualmente interesantes.
De algunas de ellas se pueden extraer interesantes conclusiones (tanto para bien como para mal) sobre la sociedad que rige los destinos del mundo.
Con seguridad nos ayudarán a comprender un poco mejor nuestro mundo actual.


Veamos brevemente cuáles han sido esas enmiendas y en qué consisten.

Las diez primeras se introdujeron a la vez y son las demoninadas "La Carta de Derechos" y entraron en vigor 1791. Básicamente limitan el poder del gobierno federal y garantizan los derechos y libertades de las personas:

1.- Libertad de expresión, de prensa, religiosa, asamblea pacífica y de petición al gobierno.
El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para p edir al gobierno la reparación de agravios.

2.- Derecho de las personas a tener y portar armas, así como a mantener una milicia.
Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo de poseer y portar armas.
Seguramente ésta es la más polemica de todas. Entiendo que no hace falta hablar de la Asociación Nacional del Rifle y su presencia social e influencia.

3.- Protección contra el alojamiento de militares.
En tiempo de paz a ningún militar se le alojará en casa alguna sin el consentimiento del propietario; ni en tiempo de guerra, como no sea en la forma que prescriba la ley.

4.- Protección contra registros e incautaciones irrazonables.
El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil , estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas.

5.- Los derechos en los juicios penales: Debido proceso, Non Bis In Ídem, auto-incriminación, propiedad privada.
1791. Nadie estará obligado a responder de un delito castigado con la pena capital o con otra infamante si un gran jurado no lo denuncia o acusa, a excepción de los casos que se presenten en las fuerzas de mar o tierra o en la milicia nacional cuan do se encuentre en servicio efectivo en tiempo de guerra o peligro público; tampoco se pondrá a persona alguna dos veces en peligro de perder la vida o algún miembro con motivo del mismo delito; ni se le compelerá a declarar contra sí misma en ningún juicio criminal; ni se le privará de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni se ocupará la propiedad privada para uso público sin una justa indemnización.
¿A que les suena la frase de "me acojo a la 5ª enmienda"?
Probablemente es una de las más importantes desde el punto de vista de las garantía procesales.

6.- El derecho a un juicio imparcial: Juicio por jurado y otros derechos del acusado.
1791. En toda causa criminal, el acusado gozará del derecho de ser juzgado rápidamente y en público por un jurado imparcial del distrito y Estado en que el delito se haya cometido, Distrito que deberá haber sido determinado previamente po r la ley; así como de que se le haga saber la naturaleza y causa de la acusación, de que se le caree con los testigos que depongan en su contra, de que se obligue a comparecer a los testigos que le favorezcan y de contar con la ayuda de un aboga do que le defienda.

7.- Los derechos en los juicios civiles.
1791. El derecho a que se celebren ante un jurado los juicios de derecho consuetudinario en que el valor en disputa exceda de veinte dólares, será garantizado, y ningún hecho juzgado por un jurado será reexaminado en tribunal alguno de los Estados Unidos, salvo con arreglo a las normas del derecho consuetudinario.

8.- Fianzas, multas y castigos.
No se exigirán fianzas excesivas, ni se impondrán multas excesivas, ni se infligirán penas crueles y desusadas.
Contexto: "Las fianzas, las multas y los castigos deben ser justos y humanitarios. En el caso de
Furman vs. Georgia, el Tribunal Supremo resolvió en 1972 que la pena capital, tal como era aplicada en esa época, violaba esta enmienda. Dicho tribunal sostuvo que la pena de muerte era un castigo cruel e inusual porque no se aplicaba de manera justa y uniforme. Después de ese veredicto, muchos estados adoptaron nuevas leyes sobre la pena capital con el propósito de satisfacer las objeciones del Tribunal Supremo. Ésta ha resuelto que la pena de muerte puede ser impuesta en juicios de casos punibles con la pena capital si se emplean ciertas normas de protección contra la aplicación arbitraria y caprichosa de dicha sanción.
"

9.- Derechos que el pueblo se reserva.
No se interpretará la enumeración en la Constitución de ciertos derechos para negar o menospreciar otros derechos retenidos por el pueblo.
Algunas personas temieron que la mención de algunos derechos en la Carta de Derechos pudiera interpretarse como que otros derechos que no se mencionan en ella carecen de protección. Esta enmienda fue adoptada para evitar esas interpretaciones erróneas.


10.- Poderes retenidos por los estados y por el pueblo.
Los poderes que la Constitución no delega a los Estados Unidos ni prohíbe a los Estados, quedan reservados a los Estados respectivamente o al pueblo.
Esta enmienda fue adoptada para tranquilizar a la gente en cuanto a que el gobierno nacional no devoraría a los estados.



Como se puede ver, prácticamente todas ellas (alguna ha quedado un poco obsoleta o ha desatado fuertes polémicas) han sido de una forma u otra aplicadas por las Consituciones posteriores del resto del mundo.
Cuando los norteamericanos presumen de democracia, tienen motivos para ello. Aunque también los demás tenemos motivos para exigirles que revisen la interpretación restrictiva o partidista que han dado al alguno de estos derechos.


Las siguentes enmiendas se ha ido introduciendo con posterioridad hasta la última que entró en vigor en 1992. Algunas son de ámbito muy local pero otras han tenido una extraordinaria repercusión, no sólo en la política norteamericana, sino a nivel mundial. Éstas son:

11.- Litigios contra los estados.
El poder judicial de los Estados Unidos no debe interpretarse que se extiende a cualquier litigio de derecho estricto o de equidad que se inicie o prosiga contra uno de los Estados Unidos por ciudadanos de otro Estado o por ciudadanos o súbditos de cualquier Estado extranjero.
Sin embargo, todavía es posible que un individuo promueva litigios en tribunales federales contra autoridades estatales a fin de impedir que éstas lo priven de sus derechos constitucionales.

12.- Elección del presidente y el vicepresidente.
En ella se regula el proceso de elección de Presidente y Vicepresidente. Se aprobó en junio de 1804, y vino a solucionar un problema que se dio en la elección de Jefferson en 1800:
Esta enmienda dispone que los miembros del Colegio Electoral conocidos como electores voten por una persona para Presidente y por otra para Vicepresidente. La enmienda fue resultado de la elección de 1800. En esa época, cada elector votaba por dos hombres, sin especificar a cuál de ellos quería como Presidente. El hombre que recibía mayor número de votos se convertía en Presidente y el otro en Vicepresidente. Thomas Jefferson, el candidato presidencial de lo que más tarde sería el Partido Demócrata, y Aaron Burr, el candidato vicepresidencial del mismo partido, recibieron el mismo número de votos electorales. El empate llevó la elección hasta la Cámara de Representantes, controlada entonces por el partido de oposición, el Federalista. Al final, la Cámara escogió a Jefferson, pero tardó tanto en hacerlo que la gente llegó a temer que la elección del Presidente no pudiera realizarse antes del Día de su Instalación en el Cargo.

13.- Abolición de la esclavitud.

1865. Ni la esclavitud ni la servidumbre involuntaria existirán en Estados Unidos o en cualquier lugar sujeto a su jurisdicción, salvo como castigo por un delito del cual la persona haya sido debidamente convicta.
La Proclamación de la Emancipación, hecha por el Presidente Abraham Lincoln en 1863, había liberado a los esclavos de los Estados Confederados que aún se hallaban en rebeldía. Esta enmienda consumó la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

14.- Derechos civiles.
El propósito principal de esta enmienda fue hacer que los ex esclavos se convirtieran en ciudadanos, tanto de Estados Unidos como del estado en el cual vivían, y protegerlos de cualquier discriminación impuesta por el estado. Los términos de la enmienda aclaran cómo se adquiere la ciudadanía.
Los otros aspectos de la enmienda han quedado superados por enmiendas posteriores o tienen un valor exclusivamente histórico.

15.- El sufragio racial. (el voto de los afroestadounidenses)
1870. Ni los Estados Unidos, ni ningún otro Estado, podrán desconocer ni menoscabar el derecho de sufragio de los ciudadanos de los Estados Unidos por motivo de raza, color o de su condición anterior de esclavos.

16.- Impuestos federales sobre los ingresos.
De 1913. El Congreso tendrá facultades para aplicar y recaudar impuestos sobre ingresos, sea cual fuere la fuente de la que éstos provengan.
La reforma fiscal en España, tal y como la conocemos ahora, es posterior a 1975.

17.- Elección directa de los Senadores.
Regula la elección de los Senadores (dos por estado) y la forma de cubrir las vacantes. La repercusión de los procesos electorales estadounidenses han conseguido que nos resulte familiar.

18.- La prohibición del licor (Ley seca)
De 1919: ... quedará prohibida la fabricación, venta o transporte de licores embriagantes dentro de los Estados Unidos y de todos los territorios sometidos a su jurisdicción, así como su importación a los mismos o su exportación de ellos, con el proposito de usarlos como bebidas.
Ya sabemos más o menos los resultados obtenidos (fue revocada por la 21ª enmienda)

19.- El sufragio fenenino.
El derecho de sufragio de los ciudadanos de los Estados Unidos no será desconocido ni limitado por los Estados Unidos o por Estado alguno por razón de sexo. Aprobada en 1920.
En este caso, los EE.UU. no fueron, ni de lejos, pioneros en la materia. Muchos otros países ya lo habían aprobado con anterioridad, aunque "las enmiendas que habrían de conceder a la mujer el derecho de voto fueron presentadas en el Congreso, una tras otra, en el curso de más de 40 años antes que la primera fuera aprobada al fin".
El sufragismo fue determinante para la consideración general de este derecho.
A día de hoy todavía quedan países en el que este derecho no está reconocido.

20.- Inicio del período del Congreso (3 enero) y del Presidente (20 de enero).
Esta enmienda, conocida como la enmienda del "funcionario invalidado", acorta el periodo entre el día de las elecciones y la fecha en la que los Presidentes y los miembros del Congreso recién elegidos toman posesión de sus cargos.
(Un funcionario invalidado es el que aún tiene que completar su periodo en el cargo y no resultó reelegido para el siguiente.)

21.- Revocación de la Decimoctava Enmienda (Ley seca).
Se permite que cada estado o localidad establezca leyes secas.

22.- Limitación del ejercicio de los presidentes a dos periodos
.
La enmienda fue respaldada por las personas que no consideraron aceptable que el presidente Franklin D. Roosevelt iniciara un cuarto periodo en dicho cargo. Ningún otro Presidente había contendido en elecciones por más de dos periodos consecutivos.
Recientemente, un
congresista ha introducido una solicitud en el Congreso para que sea abolida.

23.- Representación de Washington, D.C. en el colegio electoral.
Cosas suyas.

24.- Prohibición de los impuestos de capitación.
El derecho de los ciudadanos a votar en una elección primaria o en cualquier otra por un Presidente o Vicepresidente, por electores del Presidente o Vicepresidente, o por Senadores o Representantes en el Congreso, no les será denegado o restringido por Estados Unidos ni por cualquier Estado, por el hecho de no haber pagado cualquier capitación u otro impuesto.

25.- Incapacidades presidenciales.
Aprobada en 1967. Hace nada. Regula la sucesión del Presidente y del Vicepresidente en caso de que el puesto quede vacante entre periodos electorales.
Curiosidad: En 1973, Gerald R. Ford se convirtió en la primera persona que fue elegida Vicepresidente bajo los términos de esta enmienda. Él fue designado por el Presidente Richard M. Nixon a raíz de la renuncia del Vicepresidente Spiro T. Agnew. En 1974, Nixon renunció y Ford se convirtió en Presidente. Entonces Nelson A. Rockefeller pasó a ocupar la vicepresidencia de acuerdo al nuevo procedimiento. Por vez primera, Estados Unidos tenía un Presidente y un Vicepresidente que no habían sido elegidos para sus cargos. Antes que esta enmienda entrara en vigor, las vacantes de la vicepresidencia se quedaban vacías hasta la siguiente elección presidencial.

26.- Sufragio universal a la edad de 18 años.
Ratificada en 1971. También se enmarca en la tendencia general de rebajar la edad legal para ejercer el derecho al voto desde los 21 años a los 18.

27.- Los salarios del Congreso.
De 1992. Muy interesante punto de vista el aplicado: Esta enmienda garantiza que si los senadores o los miembros de la Cámara de Representantes votan para elevar su propia remuneración, sólo los miembros del siguiente Congreso (en el cual podrán figurar los titulares actuales junto a los congresistas de reciente elección) se beneficiarán con dicho aumento.


Muchas de ellas provocan sonrojo actualmente. Su auténtido valor reside en que fueron pioneras en muchos aspectos que hoy día parecen incuestionables.

Pero también muchas todavía no están debidamente implantadas en el munco actual, ni en la teoría ni en la práctica.

Sirva el presente post como reivindicación de aquellas que pretenden, amparan y, de hecho consiguen, hacer un mundo más justo. Sólo hace falta creerlo. Ellos los primeros, que parecen haber olvidado el verdaredo espíritu de muchas de ellas.

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Nótese que la Constitución Norteamericana fue aprobada unos cuantos años antes de la Revolucion Francesa, que marca el comienzo del fin del antiguo régimen en Europa.

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Bibliografía:
Texto completo de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica.
Contitución de Estados Unidos en wikipedia.
Listado de todas las emniendas.
Enmiendas a la constitución, comentadas. (muy recomendable)
La Carta de Derechos 1 y 2.
Enmiendas XI a XXVII
En todos los enlaces a wikipedia hay más enlaces relacionados.

jueves, 22 de enero de 2009

Cuando la cultura entra en crisis, la crisis económica no tarda en llegar

Cuando la cultura entra en crisis, más temprano que tarde también entra en crisis la economía; es un proceso cíclico que viene repitiéndose a lo largo de la historia.

Y es que una y otra están inevitablemente relacionadas y son mutuamente dependientes.

El análisis más simplista dice que si la situación económica es buena, habrá recursos y tiempo para dedicarlo a "otras" cosas; y si la situación económica es mala, lo primero que se recorta es el gasto "superfluo". Tal es la consideración que merece la cultura, en términos generales, en la sociedad y ante los poderes públicos. Así que el proceso debería ser al revés: primero crisis económica y luego crisis creativa.

Pero, en realidad, el esquema es inverso. Cuando se agota la capacidad creativa y los autores (en su sentido más amplio) se acomodan, desaparece el impulso creador y el estímulo imaginiativo; los discursos se banalizan y trivializan y los productos se generan para que no cueste esfuerzo digerirlos; el consumo rápido y simple se impone sobre el esfuerzo intelectual.
Es la muestra del agotamiento de una sociedad, perezosa, que rehuye el esfuerzo y encumbra la inmediatez.
Esa falta de estímulo es la que impide que, como sociedad, estemos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos cada día. Y, así las cosas, la debacle es sólo cuestión de tiempo.

La cultura entró en crisis hace muchos años, seguramente como consecuencia del periodo de bonanaza que hemos vivido en el mundo occidental. Ya dimos cuenta hace casi 3 años de lo que ya entonces era una realidad.

Y pasado este tiempo, la crisis económica nos ha saltado a la cara sin que "nadie" haya sido capaz de anticiparla en toda su crudeza.

Habría bastado con ver la tendencia descendente que experimentaba el nivel de los productos culturales para prever lo que se nos venía encima: literatura, cine, música, por citar sólo los productos de mayor consumo, se han instalado en la copia, repetición, seguidismo, simplificación, brevedad... sin innovar ni experimentar lo más mínimo, primando casi exclusivamente el producto comercial y la cuenta de resultados antes que la calidad del producto. Y esto ha sido posible porque la exigencia del público ha caído a niveles preocupantes. Un público que utiliza la cultura como evasión y no como formación.

El auge de la cultura muestra la inquietud de una sociedad por desarrollarse en todos sus aspectos. Cuando esa inquietud desaparece, la sociedad está condenada.

En el discurso de Obama en su toma de posesión, la única mención a la cultura se encuentra en el párrafo:
"Porque sabemos que nuestro legado como mosaico de culturas es un punto fuerte, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, de judíos e hindúes, y de no creyentes. Estamos moldeados por todas las lenguas y culturas, sacadas de todos los rincones de esta Tierra; y como hemos probado la amarga bazofia de la guerra civil y de la segregación, y hemos emergido de ese tenebroso capítulo más fuertes y unidos, no podemos evitar creer que los viejos odios pasarán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; que a medida que el mundo se vuelve más pequeño, nuestra humanidad común se dejará ver;..."


Pero se refiere a ella el plural, en su acepción de "
conjunto de modos de vida y costumbres" de los pueblos y no a su acepción individual de "conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico".*

Y aunque la declaración de intenciones es fantástica, nada dice de mejorar la educación o incentivar las iniciativas que mejoren el nivel de formación de la gente o su acceso a la cultura o a la creación, y conseguir, a través de todo ello, aumentar el nivel intelectual de la gente para que mejore la aportación de cada uno a la mejora de la sociedad en su conjunto.

Dice Pablo Paniagua en "Literatura y crisis mundial":

Hoy, sin lugar a dudas, en la literatura y en el sector editorial se ve el reflejo de la crisis mundial que estamos viviendo, y me refiero al vacío de pensamiento y de actitud que los domina. La mayoría de los escritores, en su connivencia, han perdido la capacidad de ejercer la crítica ante los males de este mundo, los problemas y el fracaso que enfrenta, y más parecen espectadores complacientes de una Humanidad que camina hacia la distopía. La industria editorial, en su generalidad, se ha basado en promover la literatura fácil, aquella que es una manifestación más de la banalidad ensalzada por la sociedad de consumo, para hacer un trasvase de la cultura del pensamiento hacia la cultura del entretenimiento. Ciertos editores ya no ven la literatura como una necesidad o bien cultural, sino como un negocio que sólo busca un beneficio rápido en detrimento de la calidad. Ya todo se vale para pisotear el arte, por medio de una simulación de algo que cada vez está más lejano de lo que se pretende. Hoy lo único que importa es vender, a costa de lo que sea, como si los libros fueran hamburguesas de McDonald´s. Eso es el éxito para ellos.

Ahora que la Humanidad se hunde, los escritores, parece ser, han de escribir contenidos superficiales para hacerle el juego a la misma civilización fracasada que se sustenta en la avaricia y en la especulación, en el sometimiento de los más humildes. El vacío de pensamiento, la alienación, la democratización de la ignorancia, es lo que nos proponen, y transmitir a los lectores dicha vaguedad. El hombre ha de buscar lo rápido, lo fácil, la literatura poco exigente, para dejar de aspirar a superarse en su intelecto y estar predispuesto en aceptar cualquier manipulación. ¿Eso es estar de acorde a los tiempos? ¿Buscar y promover la mediocridad en la especie humana? ¿Valerse de ella?


Como ven, estamos de acuerdo. Para él la crisis cultural es consecuencia de la económica. Pero el análisis de la situación es idéntica.

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* Cultura

miércoles, 21 de enero de 2009

El origen de la raza humana

Una niña pequeña le pregunta a su madre:
- Mamá, ¿cómo apareció la raza humana?

La mamá le responde:
- Dios creó a Adan y Eva y ellos tuvieron hijos. Es así como apareció la raza humana.

Dos días más tarde la niña pregunta lo mismo a su padre.

El padre le responde:
-Hace mucho tiempo ya existían los monos. Con el paso de los años se desarrollaron y se convirtieron en hombres. Es así cómo apareció la raza humana.

Confundida, la pequeña se vuelve hacia su madre y le pregunta:
- Mamá, ¿cómo puede ser que tu me digas que la raza humana fue creada por Dios y papá me dice que venimos del mono?

- Cariño, responde la madre, yo te he hablado del origen de mi familia y papá de la suya.

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Este post es sólo un chiste, que parodia unos cuantos tópicos vigentes.
En caso de duda, léase desapasionadamente.
Abtenerse polémicas sexistas, por favor.


Reclamaciones a Malena, que es la que me lo envió por email.

martes, 20 de enero de 2009

'Lo que es adición es agio'

¿Son agiotistas de lenguaje quienes hoy 'enriquecen' su idioma, y a veces el de los demás, sin apretarse una sola neurona, adicionando palabras o giros tal cual, con su ton y su son, o forjando gilipolleces? (Sobre este término, consúltese el Diccionario académico).

El caso es que, además de hacer las rutinarias rapiñas superfluas, algunos hablantes públicos se han puesto a inventar vocablos, giros y acepciones, lo cual nos redime de aquel desdén unamuniano tan cutre de 'que inventen ellos'.


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Contaba Pedro Laín que Baroja gruñía contra una inscripción que ornaba el friso del entonces Museo de Reproducciones Artísticas, cuyo autor, creo, era Eugenio D'Ors; en ella se sentenciaba: 'Lo que no es tradición es plagio'.

El novelista confesaba que, hasta hacía poco, lo lograba entender tal aserción, pero se le habían borrado o caído algunas letras, y ahora se podía leer: 'Lo que es adición es agio'
así ya la comprendía. Agio, esto es, especulación abusiva, obtención de beneficios a poca costa.

¿Son agiotistas de lenguaje quienes hoy 'enriquecen' su idioma, y a veces el de los demás, sin apretarse una sola neurona, adicionando palabras o giros tal cual, con su ton y su son, o forjando gilipolleces? (Sobre este término, consúltese el Diccionario académico).

El caso es que, además de hacer las rutinarias rapiñas superfluas, algunos hablantes públicos se han puesto a inventar vocablos, giros y acepciones, lo cual nos redime de aquel desdén unamuniano tan cutre de 'que inventen ellos'.

Primero, los saqueos que modernizan nuestra lengua. A modo de ejemplo señalo el de la presentadora de un programa con gente, esos donde tienen su día de efímera gloria los vecinos o vecinas simplemente municipales -una de las infamias mayores de la televisión, a los programas con tanta perversidad mental, me refiero, no al vecindario-, que da la palabra a un señor mayor, el cual cuenta que no tuvo madre porque murió al parirlo; y se le arrasan los ojos. Entonces la presentadora le sugiere con dulzura: 'Vamos, no sentimentalice'. Es decir, 'no se ponga sentimental'. ¿Raro? Pues el inglés posee sentimentalize, el francés sentimentaliser, el portugués sentimentalizar... ¿Para qué seguir? Vergüenza da que, en los comienzos del siglo XXI, casi con el euro en casa, pueda parecer ocioso a muchos ese verbo tan internacional. Lo cierto es que ya figuraba en el lenguaje de unos pocos doctos, como fue el filósofo García Bacca, y lo son algunos críticos de arte. Pero parecía impensable tanto allanamiento en su uso hasta que la gentil conductora de aquel programa lo lanzó con piedad al huérfano cuarentón, y dotó al vocablo de un simpático porte suburbial.
Pero, junto a quienes ensanchan el caudal comunicativo por este fácil sistema, están los o las que se inventan palabras con la misma impavidez que un churrero hace churros. El español ha sido menos proclive que otras lenguas a derivaciones del tipo sentimental > sentimentalizar. Pero se está empleando vehiculizar, que, en lenguaje culto y semiculto, prefieren muchos al plausible rodeo servir como vehículo, lo mismo de ideas que de proteínas. El uso de ese verbo es especialmente frecuente en el español de América, donde se documenta (Argentina, México...) desde los años sesenta. Junto a él, y a la vez, aparece vehicular (francés véhiculer). Tienen el éxito asegurado; parecen más elegantes y refinados que transportar.
Pero esta soltura con que otras lenguas europeas han formado derivados sensatos se ha extendido anárquicamente a muchos de nuestros comunicadores, que se entregan a la forja de vocablos con la aludida naturalidad churrera. Estos días, por ejemplo, en que todos los españoles andamos preocupados valorando los primeros resultados de la Liga, llega uno de tales aventureros y filosofa sin respeto alguno a las cámaras acerca de quién campeonará. Esa famosa -da lo mismo quién- a la que persiguen fotógrafos tratando de cazarla hasta en actos tan personales como son rascarse o limpiarse la moquita, protesta del acoso (esta vez, no lo cobra), alegando colérica que el derecho a la intimidad está constitucionalizado. (¿Se atreverá a desconstitucionarlo el arzobispo de Constantinopla?).
En otro programa, se recuerda que, frente al reconocimiento monárquico a ciudadanos eminentes mediante la concesión de títulos de nobleza, la República instituyó un sistema premial, es decir, de premios. El informador expelió aquello por la boca como si fuera un gas natural. He aquí ahora que un político ampliamente votado habla de gradualizar la evolución de las autonomías. No se entiende muy bien qué es eso, tal vez ir cediendo poco a poco y no de una vez, a buenas horas, potestades del Estado. Pero ese prohombre creyó que haber salido elegido en una lista electoral le otorga poder sobre el lenguaje (como ocurre al propio ministro de Justicia, a quien parece gustar lo de punto y final: eso está feo).
Otras invenciones son menos osadas y no de tanto mérito, como es lógico. Algunas, de puro viejas, no son ya inventos; un acre y popular radiofonista, al dar cuenta de la prensa del día, alude siempre a la editorial de tal o cual periódico, femenino que, antes, pertenecía a la casa editora; el artículo de fondo de los periódicos era indefectiblemente masculino. Un lío parecido sucede frecuentemente al llamar especies a las especias, esto es, al azafrán, al comino, al clavo... En ambos casos se produce una simplificación del idioma, tan útil para esa humanidad hispanohablante que, en creciente número, asoma por la primera rendija del siglo su joven y chato rostro (al que sobra un ojo para ser otra cosa, según acuñación de Quevedo). En este proceso, continúa incursionando imperialmente por los yermos del idioma el hidrópico tema: el comentarista de un partido de fútbol señala cómo el balón ronda junto a la meta y que, al fin, el cancerbero atrapa el tema.
Pero volvamos a las novedades absolutas como ahora se dice, entre las que cuento el verbo transmitir, intransitivo, tal como lo emplean los taurinos. Cuando el astado que va a morir es soso, y embiste sin gracia y sin entusiasmo -lo que revela inteligencia que debiera ovacionarse si esa terrible fiesta de la sangre no fuera tan irracional- se dice que no transmite; y al revés, transmite la res estúpida que acude al trapo con fanatismo. Sería en cambio muy normal que el verbo en cuestión se aplicase a personas, animales y cosas que incitan a vivir, que alborozan o alborotan el cuerpo y el alma, desde tal hermosa -o hermoso, según la perspectiva-, hasta un Ferrari, pasando por un bogavante de O Grove. ¡Ya lo creo que transmiten!
Concedo un lugar de lujo a otro descubrimiento que debe ser juzgado como excepcional, y que ha surgido de ese cocedero de novedades idiomáticas que es el deporte. Al igual que en todas filas, graduaciones o escalas, hay un último y, por tanto, un penúltimo. En las clasificaciones deportivas, es bien sabido, al que cierra la tabla se le da el poco piadoso nombre de colista; pero el que le precede ¿qué es? ¿Precolista? No, porque también anda por la cola. Y cocolista, paralelo al colíder del que ya hablamos, es la solución. ¡Con que inventen ellos!, ¿eh?

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Ya inventamos. Dardo de D. Fernando Lázaro Carreter, publicado por El País el 2 de septiembre de 2001.

Bibliografía:
Más dardos aquí.
Fernando Lázaro Carreter en Wikipedia;
Necrológica en El Mundo;
Especial Lázaro Carreter en el csic;

domingo, 18 de enero de 2009

"Edgar, a poet". 200 años de Edgar Allan Poe

















Edgar Allan Poe prefería ser "Edgar, a poet". Descubrió esa definición jugando con las letras de su nombre mientras se adentraba en la poesía.

Aunque no fue ése el género que le ha permitido ocupar un puesto destacado en la literatura universal.

Hasta hace algún tiempo, cada 19 de enero aparecían en su tumba, en Baltimore, tres rosas y una botella de cognac a medio terminar; éste era, y quizás lo sigue siendo, el curioso modo de recordar el cumpleaños de un escritor no menos enigmático.


El 19 de enero se cumplen 200 años de su nacimiento.


Si alguien está interesado en profundizar un poco en su obra, su figura y su aniversario, abajo le dejo un poco de bibliografía.


Como botón de muestra les dejo mi relato favorito de cuantos he leido de Poe.

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The cask of amontillado.
El barril de amontillado .

Lo mejor que pude había soportado las mil injurias de Fortunato. Pero cuando llegó el insulto, juré vengarme. Ustedes, que conocen tan bien la naturaleza de mi carácter, no llegarán a suponer, no obstante, que pronunciara la menor palabra con respecto a mi propósito. A la larga, yo sería vengado. Este era ya un punto establecido definitivamente. Pero la misma decisión con que lo había resuelto excluía toda idea de peligro por mi parte. No solamente tenía que castigar, sino castigar impunemente. Una injuria queda sin reparar cuando su justo castigo perjudica al vengador. Igualmente queda sin reparación cuando ésta deja de dar a entender a quien le ha agraviado que es él quien se venga.
Es preciso entender bien que ni de palabra, ni de obra, di a Fortunato motivo para que sospechara de mi buena voluntad hacia él. Continué, como de costumbre, sonriendo en su presencia, y él no podía advertir que mi sonrisa, entonces, tenía como origen en mí la de arrebatarle la vida.
Aquel Fortunato tenía un punto débil, aunque, en otros aspectos, era un hombre digno de toda consideración, y aun de ser temido. Se enorgullecía siempre de ser un entendido en vinos. Pocos italianos tienen el verdadero talento de los catadores. En la mayoría, su entusiasmo se adapta con frecuencia a lo que el tiempo y la ocasión requieren, con objeto de dedicarse a engañar a los millionaires ingleses y austríacos. En pintura y piedras preciosas, Fortunato, como todos sus compatriotas, era un verdadero charlatán; pero en cuanto a vinos añejos, era sincero. Con respecto a esto, yo no difería extraordinariamente de él. También yo era muy experto en lo que se refiere a vinos italianos, y siempre que se me presentaba ocasión compraba gran cantidad de éstos.
Una tarde, casi al anochecer, en plena locura del Carnaval, encontré a mi amigo. Me acogió con excesiva cordialidad, porque había bebido mucho. El buen hombre estaba disfrazado de payaso. Llevaba un traje muy ceñido, un vestido con listas de colores, y coronaba su cabeza con un sombrerillo cónico adornado con cascabeles. Me alegré tanto de verle, que creí no haber estrechado jamás su mano como en aquel momento.
-Querido Fortunato -le dije en tono jovial-, éste es un encuentro afortunado. Pero ¡qué buen aspecto tiene usted hoy! El caso es que he recibido un barril de algo que llaman amontillado, y tengo mis dudas.
-¿Cómo? -dijo él-. ¿Amontillado? ¿Un barril? ¡Imposible! ¡Y en pleno Carnaval!
-Por eso mismo le digo que tengo mis dudas -contesté-, e iba a cometer la tontería de pagarlo como si se tratara de un exquisito amontillado, sin consultarle. No había modo de encontrarle a usted, y temía perder la ocasión.
-¡Amontillado!
-Tengo mis dudas.
-¡Amontillado!
-Y he de pagarlo.
-¡Amontillado!
-Pero como supuse que estaba usted muy ocupado, iba ahora a buscar a Luchesi. Él es un buen entendido. Él me dirá...
-Luchesi es incapaz de distinguir el amontillado del jerez.
-Y, no obstante, hay imbéciles que creen que su paladar puede competir con el de usted.
-Vamos, vamos allá.
-¿Adónde?
-A sus bodegas.
-No mi querido amigo. No quiero abusar de su amabilidad. Preveo que tiene usted algún compromiso. Luchesi...
-No tengo ningún compromiso. Vamos.
-No, amigo mío. Aunque usted no tenga compromiso alguno, veo que tiene usted mucho frío. Las bodegas son terriblemente húmedas; están materialmente cubiertas de salitre.
-A pesar de todo, vamos. No importa el frío. ¡Amontillado! Le han engañado a usted, y Luchesi no sabe distinguir el jerez del amontillado.
Diciendo esto, Fortunato me cogió del brazo. Me puse un antifaz de seda negra y, ciñéndome bien al cuerpo mi roquelaire, me dejé conducir por él hasta mi palazzo. Los criados no estaban en la casa. Habían escapado para celebrar la festividad del Carnaval. Ya antes les había dicho que yo no volvería hasta la mañana siguiente, dándoles órdenes concretas para que no estorbaran por la casa. Estas órdenes eran suficientes, de sobra lo sabía yo, para asegurarme la inmediata desaparición de ellos en cuanto volviera las espaldas.
Cogí dos antorchas de sus hacheros, entregué a Fortunato una de ellas y le guié, haciéndole encorvarse a través de distintos aposentos por el abovedado pasaje que conducía a la bodega. Bajé delante de él una larga y tortuosa escalera, recomendándole que adoptara precauciones al seguirme. Llegamos, por fin, a los últimos peldaños, y nos encontramos, uno frente a otro, sobre el suelo húmedo de las catacumbas de los Montresors.
El andar de mi amigo era vacilante, y los cascabeles de su gorro cónico resonaban a cada una de sus zancadas.
-¿Y el barril? -preguntó.
-Está más allá -le contesté-. Pero observe usted esos blancos festones que brillan en las paredes de la cueva.
Se volvió hacia mí y me miró con sus nubladas pupilas, que destilaban las lágrimas de la embriaguez.
-¿Salitre? -me preguntó, por fin.
-Salitre -le contesté-. ¿Hace mucho tiempo que tiene usted esa tos?
-¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem! ¡Ejem!...!
A mi pobre amigo le fue imposible contestar hasta pasados unos minutos.
-No es nada -dijo por último.
-Venga -le dije enérgicamente-. Volvámonos. Su salud es preciosa, amigo mío. Es usted rico, respetado, admirado, querido. Es usted feliz, como yo lo he sido en otro tiempo. No debe usted malograrse. Por lo que mí respecta, es distinto. Volvámonos. Podría usted enfermarse y no quiero cargar con esa responsabilidad. Además, cerca de aquí vive Luchesi...
-Basta -me dijo-. Esta tos carece de importancia. No me matará. No me moriré de tos.
-Verdad, verdad -le contesté-. Realmente, no era mi intención alarmarle sin motivo, pero debe tomar precauciones. Un trago de este medoc le defenderá de la humedad.
Y diciendo esto, rompí el cuello de una botella que se hallaba en una larga fila de otras análogas, tumbadas en el húmedo suelo.
-Beba -le dije, ofreciéndole el vino.
Llevóse la botella a los labios, mirándome de soslayo. Hizo una pausa y me saludó con familiaridad. Los cascabeles sonaron.
-Bebo -dijo- a la salud de los enterrados que descansan en torno nuestro.
-Y yo, por la larga vida de usted.
De nuevo me cogió de mi brazo y continuamos nuestro camino.
-Esas cuevas -me dijo- son muy vastas.
-Los Montresors -le contesté- era una grande y numerosa familia.
-He olvidado cuáles eran sus armas.
-Un gran pie de oro en campo de azur. El pie aplasta a una serpiente rampante, cuyos dientes se clavan en el talón.
-¡Muy bien! -dijo.
Brillaba el vino en sus ojos y retiñían los cascabeles. También se caldeó mi fantasía a causa del medoc. Por entre las murallas formadas por montones de esqueletos, mezclados con barriles y toneles, llegamos a los más profundos recintos de las catacumbas. Me detuve de nuevo, esta vez me atreví a coger a Fortunato de un brazo, más arriba del codo.
-El salitre -le dije-. Vea usted cómo va aumentando. Como si fuera musgo, cuelga de las bóvedas. Ahora estamos bajo el lecho del río. Las gotas de humedad se filtran por entre los huesos. Venga usted. Volvamos antes de que sea muy tarde. Esa tos...
-No es nada -dijo-. Continuemos. Pero primero echemos otro traguito de medoc.
Rompí un frasco de vino de De Grave y se lo ofrecí. Lo vació de un trago. Sus ojos llamearon con ardiente fuego. Se echó a reír y tiró la botella al aire con un ademán que no pude comprender.
Le miré sorprendido. El repitió el movimiento, un movimiento grotesco.
-¿No comprende usted? -preguntó.
-No -le contesté.
-Entonces, ¿no es usted de la hermandad?
-¿Cómo?
-¿No pertenece usted a la masonería?
-Sí, sí -dije-; sí, sí.
-¿Usted? ¡Imposible! ¿Un masón?
-Un masón -repliqué.
-A ver, un signo -dijo.
-Éste -le contesté, sacando de debajo de mi roquelaire una paleta de albañil.
-Usted bromea -dijo, retrocediéndo unos pasos-. Pero, en fin, vamos por el amontillado.
-Bien -dije, guardando la herramienta bajo la capa y ofreciéndole de nuevo mi brazo.
Apoyóse pesadamente en él y seguimos nuestro camino en busca del amontillado. Pasamos por debajo de una serie de bajísimas bóvedas, bajamos, avanzamos luego, descendimos después y llegamos a una profunda cripta, donde la impureza del aire hacía enrojecer más que brillar nuestras antorchas. En lo más apartado de la cripta descubríase otra menos espaciosa. En sus paredes habían sido alineados restos humanos de los que se amontonaban en la cueva de encima de nosotros, tal como en las grandes catacumbas de París.
Tres lados de aquella cripta interior estaban también adornados del mismo modo. Del cuarto habían sido retirados los huesos y yacían esparcidos por el suelo, formando en un rincón un montón de cierta altura. Dentro de la pared, que había quedado así descubierta por el desprendimiento de los huesos, veíase todavía otro recinto interior, de unos cuatro pies de profundidad y tres de anchura, y con una altura de seis o siete. No parecía haber sido construido para un uso determinado, sino que formaba sencillamente un hueco entre dos de los enormes pilares que servían de apoyo a la bóveda de las catacumbas, y se apoyaba en una de las paredes de granito macizo que las circundaban.
En vano, Fortunato, levantando su antorcha casi consumida, trataba de penetrar la profundidad de aquel recinto. La débil luz nos impedía distinguir el fondo.
-Adelántese -le dije-. Ahí está el amontillado. Si aquí estuviera Luchesi...
-Es un ignorante -interrumpió mi amigo, avanzando con inseguro paso y seguido inmediatamente por mí.
En un momento llegó al fondo del nicho, y, al hallar interrumpido su paso por la roca, se detuvo atónito y perplejo. Un momento después había yo conseguido encadenarlo al granito. Había en su superficie dos argollas de hierro, separadas horizontalmente una de otra por unos dos pies. Rodear su cintura con los eslabones, para sujetarlo, fue cuestión de pocos segundos. Estaba demasiado aturdido para ofrecerme resistencia. Saqué la llave y retrocedí, saliendo del recinto.
-Pase usted la mano por la pared -le dije-, y no podrá menos que sentir el salitre. Está, en efecto, muy húmeda. Permítame que le ruegue que regrese. ¿No? Entonces, no me queda más remedio que abandonarlo; pero debo antes prestarle algunos cuidados que están en mi mano.
-¡El amontillado! -exclamó mi amigo, que no había salido aún de su asombro.
-Cierto -repliqué-, el amontillado.
Y diciendo estas palabras, me atareé en aquel montón de huesos a que antes he aludido. Apartándolos a un lado no tardé en dejar al descubierto cierta cantidad de piedra de construcción y mortero. Con estos materiales y la ayuda de mi paleta, empecé activamente a tapar la entrada del nicho. Apenas había colocado al primer trozo de mi obra de albañilería, cuando me di cuenta de que la embriaguez de Fortunato se había disipado en gran parte. 

El primer indicio que tuve de ello fue un gemido apagado que salió de la profundidad del recinto. No era ya el grito de un hombre embriagado. Se produjo luego un largo y obstinado silencio. Encima de la primera hilada coloqué la segunda, la tercera y la cuarta. Y oí entonces las furiosas sacudidas de la cadena. El ruido se prolongó unos minutos, durante los cuales, para deleitarme con él, interrumpí mi tarea y me senté en cuclillas sobre los huesos. Cuando se apaciguó, por fin, aquel rechinamiento, cogí de nuevo la paleta y acabé sin interrupción las quinta, sexta y séptima hiladas. La pared se hallaba entonces a la altura de mi pecho. De nuevo me detuve, y, levantando la antorcha por encima de la obra que había ejecutado, dirigí la luz sobre la figura que se hallaba en el interior.
Una serie de fuertes y agudos gritos salió de repente de la garganta del hombre encadenado, como si quisiera rechazarme con violencia hacia atrás.
Durante un momento vacilé y me estremecí. Saqué mi espada y empecé a tirar estocadas por el interior del nicho. Pero un momento de reflexión bastó para tranquilizarme. Puse la mano sobre la maciza pared de piedra y respiré satisfecho. Volví a acercarme a la pared, y contesté entonces a los gritos de quien clamaba. Los repetí, los acompañé y los vencí en extensión y fuerza. Así lo hice, y el que gritaba acabó por callarse.
Ya era medianoche, y llegaba a su término mi trabajo. Había dado fin a las octava, novena y décima hiladas. Había terminado casi la totalidad de la oncena, y quedaba tan sólo una piedra que colocar y revocar. Tenía que luchar con su peso. Sólo parcialmente se colocaba en la posición necesaria. Pero entonces salió del nicho una risa ahogada, que me puso los pelos de punta. Se emitía con una voz tan triste, que con dificultad la identifiqué con la del noble Fortunato. La voz decía:
-¡Ja, ja, ja! ¡Je, je, je! ¡Buena broma, amigo, buena broma! ¡Lo que nos reiremos luego en el palazzo, ¡je, je, je!, a propósito de nuestro vino! ¡Je, je, je!
-El amontillado -dije.
-¡Je, je, je! Sí, el amontillado. Pero, ¿no se nos hace tarde? ¿No estarán esperándonos en el palazzo Lady Fortunato y los demás? Vámonos.
-Sí -dije-; vámonos ya.
-¡Por el amor de Dios, Montresor!
-Sí -dije-; por el amor de Dios.
En vano me esforcé en obtener respuesta a aquellas palabras. Me impacienté y llamé en alta voz:
-¡Fortunato!
No hubo respuesta, y volví a llamar.
-¡Fortunato!
Tampoco me contestaron. Introduje una antorcha por el orificio que quedaba y la dejé caer en el interior. Me contestó sólo un cascabeleo. Sentía una presión en el corazón, sin duda causada por la humedad de las catacumbas. Me apresuré a terminar mi trabajo. Con muchos esfuerzos coloqué en su sitio la última piedra y la cubrí con argamasa. Volví a levantar la antigua muralla de huesos contra la nueva pared. Durante medio siglo, nadie los ha tocado. In pace requiescat!
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texto obtenido de Narrativas

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bibliografía:
En
Papel en blanco;
En
Apostillas literarias;
Museo de Poe;
En
red argentina;
ABC cultural;

viernes, 16 de enero de 2009

La correspondencia más breve de la historia

Víctor Hugo fue un escritor prolífico y metódico. Y su obra, amplia y variada, incluye teatro, poesía, novela, discursos políticos y abundante correspondencia. Sobre ésta última faceta, precisamente, existe una anécdota que ilustra bien al personaje y que se trata, con toda seguridad, de la correspondencia más breve de la historia.

Víctor Hugo acababa de escribir su, seguramente, más relevante novela:
Los Miserables.
Si el esfuerzo para escribirla fue proporcional a la calidad del resultado obtenido, seguramente "Mesié" Hugo debió quedar exhausto. Así que le mandó el manuscrito a su editor y se tomó unas vacaciones.

No está claro si fue en el momento de remitir el manuscrito -queriendo saber la opinión de su editor sobre el material que le enviaba-, o si fue pasado un tiempo -para interesarse por la marcha de la edición- el caso es que cruzó con su editor una interesante, escueta y expresiva correspondencia. Ambas cartas contenían un único simbolo:

La carta de Hugo: "?"

(
un signo de interrogación)

La respuesta de su editor: "!"
(un signo de exclamación).

Y es que a veces no hacen falta palabras.

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Bibliografía
Victor Hugo en wikipedia (de dónde también sale la foto)

Tomashotel
Caravasar
Los Miserables en wikipedia.
Los Miserables en Google Books.
Los Miserables: El Musical.

jueves, 15 de enero de 2009

La luciérnaga y la serpiente

Cuenta la leyenda que una serpiente vió pasar una luciérnaga y se puso a perseguirla.

La luciérnaga trató de huir pero la serpiente seguía tras ella.

Así un día, y la serpriente no desistía; dos días y la serpiente seguía en su empeño.

Al tercer día la luciérnaga paró exhausta y se dirigió a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte tres preguntas?

La serpiente respondió:

- No acostumbro a conceder ese derecho a nadie, pero como te voy a devorar igual, puedes preguntar.

- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?, preguntó la luciérnaga.

- No, contestó la serpiente.

- ¿Te he provocado algún mal?, insistió la luciérnaga.

- No, volvió a responder la serpiente.

- Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

- Porque no soporto verte brillar.

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Ésta fábula la oí en el programa "otros acentos: otras lenguas", de Radio 5 y Radio Exterior de España

miércoles, 14 de enero de 2009

El misterioso caso de los libros que se "joden" por leerlos mal

¿Por qué la misma novela parece una obra maestra o un tostón a ojos de diferentes lectores? ¿Qué hace que una novela se convierta en clásico o arda en el infierno de las inéditas? ¿Por qué hay clásicos infumables y best sellers brillantes?
La respuesta es que, sí amigos, los libros se "joden" por leerlos mal.

¿Qué significa leer mal?
- ser espectador y no actor;
- impacientarse porque la trama no avanza;
- tener prisa;
- esperar efectos especiales;
- pretender que nos lo den todo bien mascadito;
- hacer otras cosas a la vez;
- aportar nuestros prejuicios;
- ...

Claro que hay matices. No siempre se tiene el lugar, el tiempo y la lectura idéneos; no siempre las ganas, la concentración o la motivación;
Respecto a qué es bueno o qué es malo... A estas alturas yo pienso que bueno es todo libro que te lleva hasta la última página. Da igual si tiene una estructura tal o cual, una trama más o menos compleja, personajes mejor o peor trazados, lenguaje excelso o coloquial. Lo importante es que consiguió mantener la atención y el interés lo suficiente como para querer saber cómo termina la historia.
El síndrome de pasar la última página tiene como principal síntoma la necesidad de querer abrir una primera.
Sobre todo para los lectores menos asiduos, que, con un poco de suerte, devendrán en aficionados irredentos. En este caso, una mala lectura, no sólo "jode" el libro sino que "jode" el hábito. Y eso no es nada, pero que nada, bueno.

Los lectores asiduos suelen tener criterios más complejos y para ellos un libro bueno tendrá que cumplir con ciertos requisitos, imprescindibles pero más amplios. También por eso se suelen atrever con temáticas, autores, géneros, incluso grosores, más exigentes. En su caso creo que no hay peligro de perder el hábito, aun en el supuesto de abandonar algún "mal" libro a su suerte. Es la potestad del lector, aunque tampoco ellos están exentos de su alícuota parte de "haber leido mal".

Aquellos que sitúan las obras entre los clásicos no siempre son los críticos o los intelectuales. Muchas veces son los propios lectores los que lo consiguen. Aunque la historia suele poner a cada uno en su sitio, reubica las modas, matiza los éxitos y difumina la popularidad. Al final quedan la trascendencia, la profundidad, la originalidad, el ingenio, la técnica, la audacia y, con mucha frecuecia, la sencillez y la accesibilidad (que se lo digan a Góngora o a Calderón vs. Quevedo o Lope, por citar unos incuestionables clásicos).

Todo ello es inherente a la lectura.
Así que, si no están dispuestos a asumirlo, para leer mal y joder las libros, lo mejor es que no lean.

Aquí les dejo una lista de "motivos" para que elijan, obtenidos de entre los más utilizados y extendidos en foros y conversaciones:

1.- En el colegio me obligaron a leer horribles clásicos que eran un tostón;
2.- La novela actual es muy mala;
3.- No tengo tiempo;
4.- Ya leo en internet lo que me interesa;
5.- Los libros son caros;
6.- Yo soy de ciencias;
7.- Leer es para gafapastas y culturetas;
8.- Prefiero otras formas de entretenimiento;
9.- Ya leo cómics;
10.- Prefiero ver en el cine las adaptaciones;

Como siempre, la ironía es una buena manera de ponerle imagen a tanta palabra.
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El fragmento pertenece a la película Amanece que no es poco, 1988, de José Luis Cuerda. Y la novela de la que hablan resulta ser Luz de Agosto, de William Faulkner
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